«Kiko Veneno, junto con los hermanos Amador, fueron para mí la confirmación de que la herencia afroamericana del blues y el cante popular hispano tenían algo en común, algo que muchos adolescentes de mi generación sospechábamos. Detrás del gusto de algunos jóvenes españoles por la música de los negros había unos cuantos siglos de historia. Kiko tenía, desde el primer disco de Veneno, las claves de esa relación. Hablamos de ello desde su primera visita al local de Radio Futura a comienzos de los 80.
Información publicada en la página 44 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 20 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Tiempo después, tras un par de años carteándonos e intercambiando ideas acerca de las canciones que formarían parte de Échate un cantecito, Kiko me planteó que produjese el disco y yo preferí poner a su disposición nuestra oficina y el equipo de producción de Joe Dworniak en Londres, a sabiendas de que eso era lo mejor que les podía ocurrir tanto a Kiko como al repertorio. Me pareció que, tratándose de un momento clave para la evolución de la canción popular española, lo más sensato era ayudar a transmitir y punto.
Toda la obra de Kiko Veneno está sembrada de hallazgos únicos, más o menos numerosos o dispersos, según el disco. Hay un ciclo en su actividad vital y su producción en el que, después de enfrentarse a la sordera y a la venalidad del medio con entusiasmo crítico y humor ácido, se siente desarmado y piensa en dar la espalda al mundo. Su maquinaria poético-musical se pone a derivar entonces sin objetivo inmediato, siguiendo solo una necesidad interior. De ahí salen sus mejores canciones, las de Échate un cantecito y también las de su último disco, Dice la gente.»