Jordi Puntí
Estos días Edicions 62 celebra medio siglo de vida. Los medios de comunicación le han dedicado elogios merecidos y han repasado su historia, pero quien quiera conocer mejor la vida de la editorial -su primer impulso, el peaje de la censura, la relación con sus autores- tendrá que leer Memòries confidencials d'un editor, de Josep M. Castellet, publicadas coincidiendo con el aniversario. Casi desde el primer día, y durante muchos años, Josep M. Castellet ejerció de director literario de Edicions 62, y por lo tanto es el principal valedor de los más de 5.000 títulos que configuran su catálogo.
Información publicada en la página 74 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 09 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Está el catálogo de los editores y está el que se crea cada lector, a partir de los libros que escoge y lee. Me doy cuenta de que en mi catálogo personal hubo títulos de Edicions 62 desde muy temprano. En él sale El mecanoscrit del segon origen, el libro de Manuel de Pedrolo que nos obligaban a leer en el instituto, así como Aloma, de Mercè Rodoreda. Están también los libros de La Cua de Palla: sobre todo los Chandler y los Hammett. Están las ficiones de El Balancí, con obras rompedoras como L'adolescent de sal, de Biel Mesquida, y volúmenes amables como los de Pere Calders y Joan Perucho. Están los cásicos de la MOLC, entre ellos el Curial e Güelfa o la poesía de Gabriel Ferrater. Están, por fin, las grandes novelas universales, inolvidables, y como muestra me quedo con Ada o l'ardor, de Vladimir Nabokov.
La lista podría ser más larga. Solo estoy citando títulos lejanos, añejos, de antes de los años 90. Domina la variedad, pero ¿tienen algo en común, aparte del pie editorial? Sí, el tipo de letra. Los lectores de más edad se acordaran bien: durante años, los libros de Edicions 62 se componían con la tipografía Aster. Era una letra pequeña, rechoncha, funcional, sufrida. Cuerpo 9/10.
Yo la asocio a los tiempos difíciles y no es exagerado pensar que la presbicia de este país, la vista cansada de más de una generación, fue culpa de la letra Aster. Por suerte la editorial creció en la bonanza, se reeditaron clásicos, llegaron nuevos autores y, con ellos, nuevos tipos de letra. Por muchos años, 62.