Ni en los sueños más lanzados de las suscriptoras de Vindicación Feminista, allá por los años 70, podía haberse vislumbrado a dos mujeres con mayor poder político que el que detentan, por un lado la actual vicepresidenta del Gobierno y, por otro, la secretaria general del partido en el poder, a la vez presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Con implacable verborrea, son, en realidad, a la vez la voz de su amo y la infranqueable barrera que le protege de las inquietudes de una población que, consciente o descabelladamente, lo aupó a un poder hasta ahora desconocido en esta disparatada España nuestra.
Información publicada en la página 62 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 22 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Lo curioso es que estas dos aguerridas mujeres han sido preparadas para tan férreo poder precisamente por el partido más carca de cuantos nos hemos merecido los españolitos todos desde que hay democracia en este país. Lejos de mi intención alargarme acerca de la naturaleza perversa de las paradojas, pero sí me parece que sigue siendo una interesante materia de reflexión.
Y para reflexión, la que han suscitado los dos juicios, aún muy recientes, sacudiendo conciencias y sublevando ánimos: el del expresidente de la Comunidad Valenciana, por supuesta corrupción relacionada con la trama Gürtel, que fue absuelto sin más por un jurado popular; y el del juez Garzón, condenado por prevaricación en la instrucción -¡oh, sorpresa!- de la trama Gürtel por algunos de sus propios colegas de la Comisión Permanente de la CGPJ. ¿Por qué será que algo hay que levanta suspicacias en la manera en que estos juicios, largamente aplazados siempre por confusos motivos de forma, de pronto se resolvieran casi en un santiamén y para mayor acomodo del partido en mayoría absoluta en el poder? Al que habría que haber condenado sale absuelto y al que habría que haber absuelto se le condena. ¡Bravo! ¡Un diez! ¿Por qué de pronto siento vergüenza ajena al oír a la presidenta de la Comunidad de Madrid -¡vaya otra!- declarar sin pestañear que la Justicia en esa España suya, una-grande-libre, es igual para todos? Y lo dejo aquí por prudencia.