Rafael Ábalos aparcó la abogacía e irrumpió en la literatura juvenil con la potente, premiada y exportada a 25 países fantasía de Grimpow. Ahora este malagueño de Archidona (1956) asume el desafío de debutar en la novela para adultos con El péndulo (Plaza & Janés), un thriller sembrado de paranoias conspirativas a nivel mundial ambientado en Nueva York. En él reflexiona sobre el miedo, desasosiego e incertidumbre ante la quiebra del sistema capitalista, el inicio de una nueva era y la existencia de poderes ocultos que mueven los hilos del planeta.
Información publicada en la página 64 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Dios está aquí y es uno de nosotros», reza el mensaje apocalíptico hallado en el cadáver de un hombre negro ahorcado en la sede de Naciones Unidas en Manhattan. En la entrada del edificio oscila el gran péndulo que da título al libro, «símbolo del carácter cíclico de la vida» y que, como la historia, fluctúa «entre el bien el mal, la verdad y la mentira, el amor y el odio». Gracias a él, Ábalos plantea «un juego narrativo con la novela de Umberto Eco El péndulo de Foucault», que le animó a especular sobre «la teoría de la influencia masónica en la creación de la ONU».
EL MIEDO DEL INDIVIDUO / «Quiero contar hasta qué punto el sistema está en quiebra real y cómo las sociedades occidentales estamos en una fase de transformación que va a derivar en nuevas formas de organización política, económica y social. Están amenazadas por peligros invisibles, los mercados, grupos de poder, de presión, que tienen una influencia decisiva», alerta el autor.
Ábalos refleja el miedo del individuo ante esa conjura: «Creíamos que el sistema era eterno, inamovible y ahora vemos que la amenaza apocalíptica que supone la pérdida de la felicidad y la estabilidad que hemos logrado es muy real». Pero aún hay esperanza, añade Ábalos. Y la personifica en el personaje de una periodista cultural que desea ser madre soltera y es víctima de la crisis de la prensa. «La cultura nos permite sobrevivir, entender el mundo y evitar ser manipulados» y el periodista es el «símbolo de la búsqueda de la verdad, es el único que puede controlar que la información que llega al ciudadano sea veraz. Es muy peligroso que en internet cualquiera se convierta en informador pues nadie tiene la garantía de que no sean manipuladores».