Sin tener el carisma ni el sentido explorador de Wilco o Calexico, The Jayhawks es una banda proveedora de hondas emociones para la clientela del rock americano con raíces. Concurrencia que, el martes en Apolo, celebró el reencuentro de los dos hombres fuertes de la banda, Gary Louris y el recuperado Mark Olson, oficializado en su último disco, Mockingbird time (2011). Fue un directo sereno, al que le costó un poco arrancar, pero que terminó suministrando momentos de exquisitez y vitalidad a través del productivo, a veces tenso diálogo entre sus líderes.
Información publicada en la página 56 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 27 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Esas dos voces fundiéndose en finas armonías hacen de The Jayhawks un grupo extraño tanto por su bicefalia, que evita una figura de frontman a la que ni Olson ni Louris se sienten llamados, como por ese sonido minucioso pero un tanto extemporáneo, que remite a nombres venerables como The Band, The Flying Burrito Brothers o Crosby, Stills & Nash. Reunidos hace cuatro años, The Jayhawks pasean ahora un repertorio en el que se equilibran canciones de casi todos los períodos y autorías, y que integra cinco piezas de su última obra, la mayoría concentradas en la primera parte del recital. Un guion casi fijo, con pocas variaciones noche tras noche y que, en Apolo, la banda de Minneapolis reprodujo con rigor y sutileza.
Entraron en materia con Wichita y alternaron material fresco (Cinnamon love, Closer to your side, She walks in so many ways) con rescates de Red's song, Two angels, Take me with you (When you go)... La solemnidad novelesca de la América profunda y un lirismo melódico depurado. Los acordes acústicos diáfanos de Olson y los punteos de Louris con la guitarra eléctrica. Pero la sala se mantuvo más bien fría hasta que cayó Blue, coreada por el público. Con el ambiente un poco más caldeado, The Jayhawks siguieron amarrados al álbum Tomorrow the green grass (1995) con I'd run away, Two hearts y Miss Williams' guitar, y se permitieron un par de escapadas al repertorio de los años en que Olson se dio a la fuga: la feliz Angelyne y un Tampa to Tulsa de delicada intensidad, interpretado por Tim O'Reagan desde la batería.
MELANCOLÍA Y JOVIALIDAD / The Jayhawks se reafirmaron como fiables artesanos decantados por la seducción pausada, sin estridencias ni golpes de efecto. Tan solo envolventes canciones de rock con destellos de folk y country y tendencia a la melancolía, como en Settled down the rain. Un temario abierto a las partituras ajenas: el acento roots de Up above my head, de Sister Rosetta Tharpe, y ya en los bises, tras Waiting for the sun, una inyección de jovialidad con Bad time, de Grand Funk Railroad. Un final sorprendentemente eufórico para un concierto de The Jayhawks.