Tamara Rojo estaba ensayando el jueves en el Covent Garden su papel en La sílfide cuando supo de su nombramiento. A los 37 años, y en la cima de su carrera, la española iniciará a partir del próximo 1 de septiembre una nueva etapa profesional como directora artística del English National Ballet (ENB). Desde hacía un tiempo que, la que está considerada como una de las más grandes estrellas de la danza clásica actual, pensaba en dar un giro a su carrera.
Información publicada en la página 61 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 14 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Había pedido el puesto y es un gran honor que me lo hayan dado, aunque también me da un poco de miedo», comenta durante una conversación con EL PERIÓDICO en la que parece nerviosa, pero encantada. «Llegué aquí hace 14 años, sin saber nada, ni siquiera el idioma, y durante este tiempo este país ha sido extremadamente generoso conmigo, me ha dado oportunidades increíbles como bailarina y esto de ahora, algo que nunca hubiera imaginado».
El nombramiento, con una duración de cinco años, no ha sorprendido, sin embargo, en el Reino Unido, donde se concede una gran importancia al ballet y donde Rojo es muy apreciada por la crítica y por el público. La bailarina, que competía por el puesto, entre otros, con su reciente compañero en las tablas, el cubano Carlos Acosta, se ha preparado concienzudamente para el cambio. Ha sacado tiempo para estudiar una licenciatura de arte y también para pasar un mes con la directora del Ballet Nacional de Canadá, Karen Kain, observando su tarea. En Londres, se ha interesado por los complejos laberintos de la administración y la búsqueda de recursos en el Royal Ballet, centro en el que intentó, sin éxito, conseguir un puesto directivo. «Me gusta el respeto que hay en la sociedad inglesa por las artes y la importancia social que tienen», afirma. «Esta etapa es mucho más interesante para mí, porque no se trata solo de lo que yo haga, sino también de desarrollar una visión artística más amplia, encontrar talentos nuevos, inspirar a jóvenes bailarines y, también, al público».
Menuda, pero llena de energía, Rojo tendrá a su cargo cientos de personas, entre ellas los 65 bailarines y los miembros de la escuela de ballet. El reto al que se enfrenta, como ha subrayado la prensa británica, no será fácil. El ENB, cuya misión es llevar un ballet de calidad al gran público con precios asequibles, ha sufrido un recorte presupuestario del 15% y debe, además, renovar un repertorio limitado y caduco. «Las cosas están difíciles para todos y va a ser un desafío, pero a veces los desafíos crean oportunidades. Te hacen cuestionar el cómo se hacen las cosas -cree Rojo-. La nueva situación económica, quieras o no, te fuerza a hacer un cambio», concluye.
REPUTACIÓN INTERNACIONAL / El primer contrato de la bailarina en suelo británico fue con el Scottish Ballet, cuando tenía 20 años, antes había debutado con Víctor Ullate en Madrid. Aunque su carrera no despegó hasta llegar al ENB, al que ahora vuelve, tras haber sido primera bailarina, desde el 2000, en el Royal Ballet, donde ha alcanzando una gran reputación internacional que ahora debe aprovechar. «Quiero darle a la compañía una identidad propia e invitar a creadores para que hagan cosas identificables con el ENB para siempre».
Lo único que los fans lamentan de su nombramiento es que a partir de ahora sus apariciones en el escenario serán mucho más esporádicas. «Voy a seguir bailando -señala- porque parte de esta nominación se debe a que atraigo al público y eso es muy importante para una compañía que recibe casi la mitad de su subvención de los ingresos en taquilla. Así que, voy a seguir bailando, aunque claro está, será con otra perspectiva», concluye.