-Su forma de plantear los discos ha cambiado mucho desde que debutó en 2003. ¿Ha habido algún momento de replanteamiento de su oficio?
Información publicada en la página 66 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 05 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-Sin duda. Empecé grabando en casa: para mí mismo y en contra de casi todo. De algún modo, entré en ese espacio llamado indie con el que, para sentir una afinidad real, debería remontarme a los beatnicks y la contracultura. Pero al principio, me daba igual estar en un sitio u otro.
-Hasta que...
-Hasta que entendí que para plantar aguacates necesitas una tierra, un agua y un clima determinados. Y si quieres estar moreno en un sitio donde no hace sol deberás tomar rayos uva: o sea, que estás rebajando el nivel de tu moreno. Reflexioné sobre donde debía plantar mi huerta porque yo intentaba plantar un árbol de cinco metros con flores de todos los colores en una maceta del balcón.
-Y, claro, el árbol no crecía.
-Podía salir algún tronquito, pero con el devenir de los años eso deja de ser interesante. En fin, asumí que debo tener control sobre el entorno en el que crece mi música, cosa de la que yo pasaba. Y también me apetecía incorporar mi formación clásica a mis canciones de forma explícita.
-En estos tiempos que corren, salir de gira con una banda de ocho músicos casi parece un desafío político.
-Es un desafío porque algún día puede haber más gente en el escenario que abajo. Y es político, sí. Soy más político en cosas así que en las elecciones. Siempre voto a Izquierda Unida, pero tapándome la nariz.
-Parece que haya asumido también que la música no es algo endogámico, sino un ejercicio colectivo y que exige comunicarse con el exterior.
-En eso he aprendido. Yo puedo contar la historia que quiera, pero no puedo empezar cantando sobre alguien que nadie conoce, sin explicar por qué empiezo por ahí y sin intentar atraer al público hacia esa historia. ¡Todo eso yo no lo tenía en cuenta! A veces la canción salía bien, pero era más por casualidad. Son aspectos que tienen que ver con la narrativa de una canción: lo cual incluye tanto a las letras como a lo musical.
-Sus canciones nunca pisan tierra firme; no hay suelo. Diría que las proyecta en un espacio onírico o flotante; lo cual, claro, ayuda a conectar mejor con la poética de las letras.
-Eso es algo intencionado. Siempre lo he sentido así. Pretendo ser muy libre a la hora de componer, editar discos, dar conciertos y expresarme. Y esa libertad es imposible si estás a ras de suelo. O así lo siento yo. Me encanta Billy Bragg, pero sus canciones pisan tierra firme o escarban en ella. Las mías están un palmo sobre el suelo o, a ser posible, en Plutón. Y desde ese punto de vista miro la Tierra. Yo veo lo que pasa, pero lo cuento desde mi perspectiva. Si puede ser desde la copa de un árbol, mejor.
-¿Nunca sentado en una silla?
- No, en una silla nunca.