El pianista Roberto Fonseca se dio a conocer internacionalmente en la década pasada acompañando a Ibrahim Ferrer y Omara Portuondo, patriarcas de la música tradicional de su país. Pero ahora anda obsesionado con el dubstep, la música electrónica oscura y asfixiante que ha salido en los últimos años de los barrios negros de Londres: «Lo próximo que quiero hacer es meter esa energía en mi música, tú ya verás». Su carrera está dando un giro hacia territorios que hasta ahora no había visitado. Hoy, en la sala Apolo (21.30 horas) presenta Yo, un disco empapado en sonidos electrónicos y ecos de música africana, con piezas que crecen en espirales más propias de la música de baile que de la tradición cubana y voces que funcionan como mantras. Es su disco de acabados más contemporáneos, pero también, asegura, el más espiritual. «Es un cambio en la forma pero también en la esencia. Hace años que lo maduraba, pero para hacerlo tenía que estar conectado con la espiritualidad, dispuesto a filosofar de esta manera. Y ha llegado el momento».
Información publicada en la página 70 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 09 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Con residencia permanente en Cuba, Fonseca se crió en un ambiente en el que la música tradicional convivía con los sonidos que llegaban a través de las emisoras de radio norteamericanas. Se empezó a interesar por la música electrónica a raíz de sus giras por el mundo, a menudo acompañando a los miembros de Buena Vista Social Club.
EL PODER DE LA TÉCNICA / De su experiencia junto a soneros y boleristas aprendió «ante todo, a tocar con gusto y transparencia», y ha hecho suyo un consejo que le dio Ferrer, a quien produjo su disco póstumo, Mi sueño. «Me dijo que yo puedo hacer lo que quiera, porque además estoy capacitado para ello, pero que nunca puedo olvidar mi identidad cubana». Pianista sobresaliente, Fonseca se desmarca de la tendencia de muchos músicos de país a la locuacidad instrumental. «Los cubanos tenemos fama de tocar muy agresivo. Yo ya toqué obras difíciles y pasé pruebas cuando aprendía clásico. Hay que poner la técnica al servicio de la música, especialmente en los conciertos».
Discreto en el trato personal, Fonseca se transforma sobre el escenario en un seductor extrovertido y temperamental. «No hay nada falso ni preparado. Luego me veo en los vídeos y pienso: ¿pero cómo puedo hacer yo esto?». En su último disco, y con la colaboración del productor británico y dj de la BBC Gilles Peterson, ha hecho un hueco para su yo más extrovertido en forma de remezclas. «El nombre ya lo dice, ¿no? Son remezclas, música para la fiesta después del concierto, el after party, tú sabes».