El Periódico

El festival de músicas avanzadas

Un Sónar de otra escala

La muestra atrajo multitudes en el estreno de su ampliada sede diurna en la Fira Montjuïc

JORDI BIANCIOTTO

Viernes, 14 de junio del 2013

  • Ambiente lúdico durante la primera jornada del Sónar de Día en la nueva sede de la Fira Montjuïc, ayer por la tarde.

  • El francés Sébastien Tellier, durante su actuación de ayer por la tarde.

La sensación fue parecida a aquella noche del 2001 en que EL Sónar estrenó su recinto de noche en la Fira Gran Via dejando atrás las estrecheces del Pabellón de la Mar Bella. Un cambio de escala: ahora en el Sónar de Día todo es mucho más grande, multitudinario y laberíntico. Los pabellones de la Fira Montjuïc relegan a aquellos escenarios y salas del CCCB al estatus de entrañable miniatura doméstica. No es que el Sónar haya crecido: es que parece haber sentado las bases para un nuevo y ambicioso modelo de festival.

Superado el primer impacto, la confusión visual, geográfica, ante un Sónar que no parecía el Sónar, o sí, pero desplegado en pasillos contrahechos, escaleras e indicadores hacia no se sabía dónde, llegabas a los primeros escenarios. El SonarVillage, versión propia de la plaza del pueblo, lucía un aspecto familiar con su césped sintético y su desfile de torsos nórdicos enrojecidos. Ahí tuvimos a Sébastien Tellier, más pomposo y desorbitado, si cabe, que el pasado noviembre en Apolo. En sus ejercicios electrónicos puede resultar sibilino, pero cuando se pone sinfónico a lo Mike Oldfield, confiesa estar «un poco borracho» y suelta empanadas sobre Dios, el amor y la libertad, es más sensato esfumarse.

PUNK DE PC / En el SonarHall, a cubierto y entre cortinas rojas dramáticas y kitsch, los neoyorquinos Liars mostraron la apuesta electrónica de WIXIW, un intento de pospunk fabricado con ordenadores que evocó ejercicios de música bailable opresiva de los años 80. Con un sustancioso aire enfermizo, aunque algo se ha perdido del extremismo implacable de sus propuestas anteriores.

Quienes se quedaron en ese escenario pudieron reanimarse gracias a su paisano Mykki Blanco, entertainer activista y drag queen que cita a las riot grrrls y Anaïs Nin como influencias. Blanco se presentó con un formato de bajo perfil, tan solo apoyado en un disyóquey, pero deleitó con su rimas descaradas, su hip-hop con esbeltas tramas de r&b y su gimnástico sentido del espectáculo, que le llevó a bajar a la pista y buscar el cuerpo a cuerpo con el público.

ORQUESTA DE PORTÁTILES / La función que ejercía el auditorio del CCCB en el viejo Sónar de Día corresponde ahora al Palau de Congressos, desde cuya inclinada platea se pudo disfrutar de la inventiva performance de la Barcelona Laptop Orchestra, autobautizada como «orquesta de portátiles». Integrada por maestros y alumnos del ESMUC, se sirvió de tabletas y dispositivos electrónicos en un revelador, vagamente irónico, espectáculo audiovisual.

Y en el mismo escenario, una unión con pedigrí, la de Pascal Comelade con Richard Piñas. El catalán del norte dejó en casa sus instrumentos de juguete, se sentó al piano de cola y mostró junto a la guitarra frippertrónica de Piñas su cara más exploradora con Flip side (of sophism). Vanguardias muy clásicas.