Aunque ha anunciado retiradas y años sabáticos varios, Steven Soderbergh sigue dirigiendo y es uno de los cineastas más prolíficos de los que trabajan actualmente en Estados Unidos, entre la gran producción de Hollywood y el cine independiente. Después de Contagio e Indomable, estrenadas el año pasado con poco margen de tiempo entre una y otra, el autor de Sexo, mentiras y cintas de vídeo presenta un filme aparentemente inusual en el conjunto de su obra, Magic Mike, sobre el mundo de los estríperes masculinos.
Información publicada en la página 58 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 05 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Al parecer, la película parte de experiencias reales de su actor protagonista, Channing Tatum, que se ganó la vida como estríper cuando tenía poco más de 18 años. Fue Soderbergh quien al conocer la historia animó a Tatum a que la convirtiera en guion cinematográfico, tarea a la que se entregaría un colaborador del actor, Reid Carolin.
El resultado es una visión desenfadada y tragicómica de los estríperes masculinos que actúan en clubes femeninos. El protagonista no tiene 18 años, sino 30, y mientras sueña en convertirse en diseñador de muebles, se gana la vida desnudándose en espectáculos de dudoso gusto para mujeres enfervorecidas. De nuevo, y como ha ocurrido con cintas recientes dedicadas a la industria del cine porno (Boogie nights, por ejemplo), otro vistazo al gran tema del sueño americano.
Ese sueño, esa quimera, es muy otro en El fraude, película centrada en los turbulentos asuntos financieros y sentimentales de un magnate. El personaje, encarnado por Richard Gere, ve desplomarse todo su mundo (la estabilidad familiar, el lujo profesional, la relación con su joven amante) cuando es incapaz de recuperar una inversión y puede ser acusado por operaciones fraudulentas. Susan Sarandon encarna a la esposa, comprensiva pero a la vez contundente, y la francesa Laetitia Casta es la amante del protagonista.
Si seguimos con el cine de producción estadounidense, nos encontramos con dos venganzas. La primera es la quinta entrega de una serie basada en un videojuego, Resident evil: venganza, en la que Milla Jovovich vuelve a ser el reclamo humano en un ambiente de discretos efectos tecnológicos y apariciones terroríficas. La segunda es Venganza: conexión Estambul, nueva entrega de las correrías del agente de la CIA encarnado por Liam Neeson. En realidad, este filme no es una producción norteamericana, pero da igual, ya que su estilo, patina, temática y resolución de las escenas de acción es idéntica a la de cualquier producción hollywoodiense del mismo tipo: detrás del producto está Luc Besson, cineasta francés atraído por las grandes producciones norteamericanas.
Robert Pattinson, la estrella masculina de la saga Crepúsculo, a quien pronto veremos cambiar de aires en la última obra de David Cronenberg, Cosmópolis, ya juega a otro juego en Bel Ami, historia de un seductor, pulcra adaptación de la novela de Guy de Maupassant sobre el ascenso social de un joven mediocre. Un buen terceto femenino (Uma Thurman, Kristin Scott Thomas y Christina Ricci) da la replica a Pattinson.
En 7 días en La Habana, regreso al tradicional cine de episodios firmado por autores consagrados, dos franceses (Laurent Cantet y Gaspar Noé), un español (Julio Medem), un argentino (Pablo Trapero), un palestino (Elia Suleiman), un puertorriqueño (Benicio Del Toro) y un cubano (Juan Carlos Tabío) dan su visión de la ciudad a partir de situaciones y personajes extraños o extravagantes que se mueven por los lugares menos turísticos y reconocibles. En la película hay cabida para un segmento donde se siguen las evoluciones del siempre airado Emir Kusturica, que acude a La Habana para recibir un homenaje y acaba visitando los locales de jazz afro-cubano, o para las desventuras de un joven estadounidense que se relaciona con un travesti sin saber que lo es.