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UN MAESTRO DE LAS LETRAS EN CASTELLANO

'Sentiments i centimets'

Juan Marsé se vale, en broma, del título de una novela que no piensa escribir para reflexionar sobre la deriva soberanista

El autor catalán presenta una antología de sus textos periodísticos

Martes, 23 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ELENA HEVIA
BARCELONA

El encuentro era para presentar Periodismo perdido pero tomó otro giro. El libro es una antología de textos primerizos de una de las facetas, el periodismo, de las que Juan Marsé se siente menos orgulloso. Pero eso hay que interpretarlo con pinzas, a la luz del descreimiento ontológico que siempre ha practicado el autor. Tanto que uno de los títulos posibles para este libro publicado por la Facultad de Comunicació Blanquerna y Edhasa era Textos alimenticios. Una broma, claro.

Político 8 Juan Marsé, antes de la presentación de su libro en la Facultad de Comunicació Blanquerna, ayer. FERRAN NADEU

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Información publicada en la página 52 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 23 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Inevitablemente, la actualidad, su opinión sobre el debate soberanista catalán, se impuso en la presentación y arrinconó informativamente a los fantasmas pop de Patty Shepard, Lola Flores, Antonio Machín, Raquel Welch o Brigitte Bardot -cuando era sexi- convocados con mucha gracia en un libro que reúne críticas de cine, teatro, entrevistas y lo que mejor le sale a Marsé en este terreno, los retratos, todos ellos escritos bajo el tardofranquismo.

La independencia. Tema pelut. El autor de Últimas tardes con Teresa afiló una de sus mejores armas, la ironía -precisamente los textos de Periodismo perdido son un buen ejemplo- para asegurar, con mucha guasa por favor, que planea escribir desde hace años una novela en catalán sobre el tema secesionista que bien podría llamarse Sentiments i centimets. Otra broma. Fuera de los micros, y horas más tarde, Marsé, precisó divertido que jamás se le había ocurrido pasarse al catalán. «A estas alturas me parecería oportunista». Para el escritor, el título apócrifo revela su trasfondo. «El proceso independentista no tiene mucho recorrido en Catalunya. Preguntad a los empresarios y veréis qué opinan. Comprobaréis que en todo proceso independentista juegan los sentimientos, pero también la economía».

Quedan fuera de esta antología, que es tan solo un 2% de todo el trabajo periodístico de Marsé, los célebres Señoras y señores, hoy inencontrables y que por cierto Alfabia piensa recuperar en la primavera del próximo año, con el añadido de dos o tres posibles retratos que el autor todavía tiene que escribir y entre los que podrían encontrarse los muy sustanciosos Angela Merkel y Artur Mas.

En aquel volumen original del memorable Señoras y señores, publicado primero en Planeta y más tarde en Tusquets, había, entre otros, un retrato de Jordi Pujol, en el que se decía: «Pujol confunde Catalunya con su persona y sin embargo no hay nada en él que recuerde a una nación». Para Marsé -y a falta del retrato inédito de Mas prometido a Alfabia- esta descripción, «una forma retórica de decir que no representaba totalmente a una nación», también cuadraría con el actual president, «porque estas cosas se heredan».

«Yo no soy periodista»

Frente a los elogios de Joaquim Roglan, responsable de la selección, un Marsé azorado recordaba los viejos tiempos, a finales de los 50, en los que simultaneaba su trabajo como aprendiz de joyero con las reseñas que escribia en una revistita, Arcinema, en la que tenía todos los papeles, incluidos el de redactor y el de chico de los recados. El recuerdo a su trabajo como redactor jefe en la revista Por favor -«en la que no quise escribir nada a excepción de unos retratos a pedido de Perich»- incluye una imagen de Manuel Vázquez Montalbán. «Llegaba, se ponía a escribir y en 10 minutos ya tenía un artículo de política internacional. Ahí supe lo que era de verdad el periodismo».

Y para demostrar eso que le ha repetido hasta la saciedad a Roglan -que él no es un periodista- evoca la entrevista que en Arcinema, el lugar donde se fraguaron sus mitos cinéfilos, le hizo a un Mario Cabré muy satisfecho de poder contabilizar a Ava Gardner entre sus conquistas. «Me lo contó todo y yo no puse una sola línea porque no le creí». Ni siquiera se salva a sí mismo como entrevistado. «Una vez en México me preguntaron qué era más importante para mí, el fondo o la forma. Contesté que el fondo y lo argumenté. Pero la entrevista no se grabó y me pidieron si podían repetirla. Cuando llegó de nuevo la pregunta contesté convencido que la prioritaria era la forma y lo expliqué. La periodista todavía debe de creer que soy un pocavergonya».

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