Es un vozarrón de camionero, un Clint Eastwood con pose y deje madrileños, el trasunto o el negativo de Curro Jiménez, aquel bandolero camorrista, mujeriego y generoso que cabalgaba por las quebradas de Sierra Morena y las cimas de la escarpada transición. Félix Ángel Sancho Gracia (Madrid, 1936) emprende en septiembre, y en Barcelona, el rodaje de 'Mala uva', de Javier Domingo.
--¿Félix o Sancho?
--Mi madre me llama Félix. Por regla general, los amigos me dicen Sancho.
--Es usted un mito para la gente de mi generación. Tengo una amiga que sólo consintió en dejar el chupete cuando sus padres le dijeron que se lo había llevado Curro Jiménez.
--¡Qué bien! Y, dígame, ¿de qué origen es esa amiga suya? ¿Es catalana? ¿Es charnega?
--Creo que es de origen extremeño.
--Los catalanes de la ceba me respetaban bastante, pero los charnegos todavía más porque les tiraba la leyenda del bandolero andaluz. Y a mí me encantaba eso. Yo creo que si me hubiera presentado alguna vez para alcalde de L'Hospitalet --donde vive la mayoría de inmigrantes--, habría ganado seguro (ja, ja). Es una broma.
--¿Cuánto le debe al bandolero?
--Fue un invento mío. Ambos nos debemos lo justo: lo que yo puse y lo que él me dio. Vamos a dejarlo en el 50%. Porque ya no tengo edad; si no, volvería a hacer la serie. Anda que no era divertido!
--Ahora corre un chiste por los móviles: "Si yo no soy Curro Jiménez, ¿por qué tengo este trabuco?".
--(Ja, ja, ja) Aparte de trabuco o no trabuco, en aquel entonces la gente bautizó como curras las patillas anchas que llevaba el personaje. Fue una época preciosa.
--¿Cómo se lleva eso de serlo todo (Curro Jiménez) y que, de repente, los directores dejen de llamarle?
--El problema conmigo es que no soy mitómano. Soy todo lo contrario a lo que pude haber representado en un momento. Admito que es muy halagador que la gente te aprecie y te tenga cierto recuerdo. Ahora, han remasterizado la serie y la están distribuyendo en lotes de DVD. Eso es muy hermoso después de 27 años.
--Sí, pero el silencio artístico, ¿cómo se sobrelleva?
--Yo no he tenido épocas de silencio artístico más que cuando las he buscado. Por ejemplo, cuando me embarqué en Bolívar, una serie fallida, estuve tres años parado. Pero yo he trabajado toda mi vida, con altibajos, claro, como cualquier actor. La nuestra es una profesión liberal, y de vez en cuando hay que hacerle una poesía al teléfono o al móvil para que te llamen. Yo no he tenido grandes paradas. O he estado dándole vueltas a algún proyecto o he estado trabajando. Parado, nunca.
--Trabajó usted con Charlton Heston en Marco Antonio y Cleopatra. Alguna anécdota tendrá.
--La única anécdota con Charlton Heston es que el tipo debía de tener cocodrilos en los bolsillos porque no pagaba nunca ni un café. Y, sin embargo, somos amigos, amigos entre comillas. El escribió un libro sobre su vida en el cine y habló de mí, cosa que siempre es de agradecer.
--¿Está usted falto de cariño?
--¡Qué va! Para nada. Creo que mis amigos me tienen cariño, y yo les correspondo. Y en casa, también.
--Su padre tuvo una muerte terrible...
--Lo único que ocurre es que yo soy hijo póstumo: mi padre murió en agosto y yo nací en septiembre. Mi madre volvió a casarse a los cuatro años, y luego murió el único padre que conocí: mi padrastro. Vivíamos en Uruguay. De mi padre biológico...
En éstas, el barbero del barrio pasa en coche por delante de la terraza en la que estamos sentados.
--Señor peluquero, ¡muy buenas tardes! ¿Cómo le va? ¿Por qué se marcha tan temprano? Mañana voy a afeitarme, que usted conduzca bien... No creas, ya no quedan muchas barberías en Madrid... Yo a mi padre biológico no le conocí.
--¿Sabe usted mentir?
--Sí.
--¿Y se le da bien?
--Bueno, yo creo que se me nota.
--¿Es necesario haber sufrido, haber vivido mucho, para conseguir que la ficción parezca realidad?
--No lo creo, aunque las experiencias de la vida son muy importantes. Pero yo soy un actor de método, de estudio, de conservatorio... Hombre, no creo que para encarnar a un gay o a un marica me hayan tenido que dar por el culo, pues no. Aunque siempre hay un tipo de experiencias que pueden ser buenas para actuar.
--Creo que por su pasado uruguayo hace usted un asado para chuparse los dedos.
--Sí, sí, me sale estupendo. El truco es agua, sal y que la carne sea buenísima. Hay que saber tirar la sal. Yo tengo un sistema: tiro la sal gorda así, de lejos, con estilo, flas, y parece que eso le gusta a la carne y se hace bien. He preparado asados en muchas partes del mundo; también en Castelldefels.
--Voy a tener que preguntarle por la enfermedad... ¿Le da mal rollo?
--Ni buen rollo ni mal rollo. La enfermedad ya ha pasado y está controlada. Y lo único que digo es que la gente enferma tiene que luchar; nada más. Como yo he luchado y sigo luchando.
--¿Qué se aprende después de haber superado un cáncer de pulmón?
--No tengo ni idea. Como siempre he tenido muchas ganas de vivir, no sé si la enfermedad me ha acentuado las ganas de hacerlo. En circunstancias como la que he atravesado, se aprende mucho de la gente que te quiere, comprendes quiénes son las personas que te quieren. La gente se vuelca contigo en cariño. Lo notas, lo sientes.
--¿De dónde saca esa energía?
--Creo que estamos aquí de paso, y hay que ser consciente de ello. La vida es cortísima y hay que aprovechar todo lo que ella y la naturaleza te dan. Mire, por ejemplo, a esa mujer que va caminando por ahí... ¿La ve?
--Sí, va muy bien arreglada.
--Es un encanto; es suramericana. No sé quién es, y me la encuentro en todos lados. Mírela cómo va, maravillosamente vestida. El otro día me la encontré en la Real Academia cuando hicieron académico a mi amigo Arturo Pérez-Reverte. Voy a un estreno y me la encuentro; voy a no sé qué sarao y me la encuentro. Aunque la mujer ya tiene unas cuantas castañas, me explicó que está estudiando una carrera, Filosofía o algo así. Pues, ve, yo creo que ésa es una mujer a quien le gusta la vida. Del mismo vivir se saca la energía. La vida es terriblemente corta: no te das cuenta y se te va. Hay que agotar todos los momentos.
--"Hasta ahora --ha dicho--, no he fallado a nadie más que a mí mismo".
--Me he fallado a mí mismo en cosas que tendría que haber hecho, que se te quedan en el tintero, y luego compruebas que ya no te queda tiempo para emprenderlas. En mi vida personal no sé si he fallado; y si he fallado, lo siento por los que me han rodeado y por mí mismo. Sobre todo, he malogrado temas profesionales, proyectos que tendría que haber acometido y que desestimé, un poco por vagancia o porque es más cómodo hacer un tipo de trabajo --llámele cine, llámele televisión-- que dedicarte a una obra que de verdad... Ya no tengo tiempo, no me da el físico; hay cosas que no puedo hacer. Me he fallado en eso.
--Sigue usted casado con la misma mujer desde hace 34 años. ¿Cuál es el secreto para mantener el amor?
--El cariño y esas cosas. Y hacer el amor, claro; si no, date por jodido. Tienes que mantener el lío. En catalán se dice 'cardar', ¿no?
--Hay varias formas de decirlo.
--En la pareja hay que mantenerlo todo: el cariño, el sexo... Para no llegar al aburrimiento hay que currárselo. En ocasiones, uno se falla al otro: hay días en que estás cansado, te puede doler la cabeza, te encuentras mal... Pero hay que mantener el fuego. Volvemos a lo de antes: hay que vivir.
--Dice usted que cada mujer, como cada toro, "tiene una lidia diferente". Según esa filosofía, ¿cuál es el tipo de mujer más difícil de lidiar?
--No hay una línea general en eso. Yo lo aprendí de un amigo que se pegó un hostiazo en coche. Se mató en París, en el Bois de Bologne... Ahora, había disfrutado la hostia! El tipo era un gran amante, y en una ocasión le preguntaron cómo se lo hacía para tener tanto éxito con las mujeres. Y dijo: "Verá, yo se lo explicaré. Si está usted en una fiesta o una reunión, no picotee; dedíquese a una sola mujer, que se sienta halagada, mimada, no sé si querida, pero... Dedíquese a una, que por regla general se tiene éxito". ¡Y es verdad lo que decía! El picoteo no vale; se queda en nada.
--Imagínese una tarde con Paco Rabal y Fernando Fernán Gómez. ¿Qué hacemos? ¿Adónde vamos?
--¿Una tarde, dice?
--O una noche.
--Fernando llegó a decirme en una ocasión: "Me voy a prohibir salir contigo". Y al final lo hizo, porque decía que cada vez que salía conmigo sucedía algo raro. Salíamos juntos los tres hace muchos años... Afortunadamente, yo aún puedo decir que salgo; Fernando apenas si sale; y Paco hace ya un tiempillo que no... Era muy divertido, no porque fuéramos a ligar, sino por lo que hablábamos y reíamos. Eran otras épocas. Se ha perdido la costumbre del diálogo.