Atención, progenitores que queréis lo mejor para vuestros hijos: sabed que entre las profesiones de riesgo, la de promotor musical se ha colocado muy arriba en España. Prohibídsela, que se metan a programadores Java o analistas financieros, que ahí sí hay buenos sueldos y demanda. Y es que con la subida del 8% al 21% del IVA cultural buena parte de los autónomos y pequeñas empresas que a tal menester se dedican por estos lares están en la picota.
Información publicada en la página 56 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 20 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las grandes firmas del sector de la música en directo se supone que sí capearán el temporal, mejor o peor, a costa de apretarse los machos, recortar plantillas y zamparse al pez chico para salvar el pellejo. En resumen, y parafraseando al Marqués de Leguineche de La escopeta nacional, para muchos promotores esta subida del IVA va a significar «end of the saga». Si con esto ya está usted convencido de que lo del 21% no es moco de pavo y de que «the dream is over», no hace falta que siga leyendo. Si quiere la prueba del algodón, pasemos a las matemáticas.
Veamos, si usted paga 20 euros en taquilla para asistir a un concierto, al promotor del mismo le quedarán, tras comerse el 21% de IVA y descontar el 10% que se lleva la SGAE, 15 euros de neto. Con esa cantidad tendrá que pagar el alquiler de la sala, a la banda (una variable que, además del caché, suele incluir anexos como transportes internos, dietas para cenar, alojamiento), la cartelería, los talonarios de entradas, la comida y bebida, el llamado «hospitality», a disposición de los músicos en el camerino (salvo la parte que aporte la sala). Podríamos enredarnos con otras fugas de presupuesto, caso de las comisiones en la venta anticipada, pero vamos a redondear.
Si el concierto se celebra, es un suponer, en la sala barcelonesa Sidecar y el promotor vende 100 entradas, la mitad de su aforo oficial, tendrá que pagar 300 euros por alquiler de sala. Si vende 200 se la dejarán por 100 euros. La mitad de aforo es un cálculo mucho más realista: la mayoría de los conciertos celebrados en Sidecar no llegan a esa cifra de venta, qué más quisieran sus organizadores.
Otra cosa es que con la lista de invitados, que si el promotor no se pone serio con los noes puede superar en extensión a la del paro, sobre todo en Barcelona -ciudad con mucho acreditado crónico-, al final parezca que «somos más». Total, que al promotor le quedan 1.200 euros, tras apoquinar con el gasto del recinto, para todo lo demás. Pongamos que el grupo se esté llevando, tirando por la calle del medio, 750 euros de caché -podría ser menos, podría ser más, eso ya depende la habilidad y artes negociadoras de cada promotor. Nos quedan 450 y aún no hemos hablado de hoteles, cena, pósters, hospitality... Solo faltaría que hubiese que alquilar alguna equipación adicional de sonido. Con el 8% de IVA el promotor aún se sacaría 16,8 euros por entrada y esos 450 serían 630. Mamacita, que me quede como estoy. Y con el IVA al 4%, el superreducido de los libros en papel y periódicos, los 450, con 17,5 euros netos por entrada, serían 700.
¿Solución? Pues habrá que cobrar por estar en la lista de invitados y acreditados. En negro, claro. El próximo color de moda.