La querencia de Roger Mas por la cobla le viene de antiguo, y sus primeros flirteos artísticos los plasmó ya en el 2005 en el disco Mística domèstica. Su abuelo tocaba la tenora y de pequeño, relata, escuchaba sardanas "los domingos en verano". Ahora ha editado el álbum Roger Mas i la Cobla Sant Jordi de Barcelona, que le ha deparado una serie de estimulantes actuaciones como la de esta noche, en el Audtiori de Cornellà.
Su iniciación en este folcklore fue progresivo. "Mi abuelo me enseñó a tocar el saxo y el clarinete, pero curiosamente no la tenora porque ¡se la había vendido!", sigue explicando. En ese anterior álbum de hace siete años reclutó a Jordi Molina para que pusiera él la tenora a la pieza Oda a Francesc Pujols. "Y en disco siguiente vuelve a aparecer también junto a Pep Moliner, uno de los dos fiscornios de la Cobla Sant Jordi. En el álbum posterior se unió Miguel Àngel López, y de golpe en el directo de Les cançons tel.lúriques ya iba con los dos fiscornios... Y en el trabajo anterior a este, La casa d'enlloc, aparece ya toda la cobla en El dolor de la bellesa, la canción emblema de este espectáculo", añade el cantante solsonés.
Mas admite que estas actuaciones con toda la formación al completo era un sueño que acariciaba desde hacía mucho tiempo. "Y por el simple hecho de disfrutar de algo nuevo para mí, más allá de si es realmente nuevo, algo inédito, o no -quiere puntalizar-. Alguna vez me han preguntado si hay una voluntad de reivindicación de esta sonoridad, y yo aclaro que artísticamente lo que siempre me ha movido es disfrutar, distraerme; aprender y experimentar. La cobla no está aquí para defenderse de nada. Ni hay ninguna voluntad museística ni arqueológica", subraya.
El músico está especialmente orgulloso del “abanico de arreglos” que envuelven este nuevo y ambicioso lanzamiento discográfico. “En Emboscat el recurso utilizado parece un madrigal medieval, y el de La bien pagá podía haberse escrito en los años 40 y 50. Me da rabia que las cosas mueran tan rápido -filosofa-. Vivimos un tiempo en el que un disco de hace dos años es prehistórico; un fósil. Cuando para mí es de una actualidad tremenda. Y yo miro de trabajar sin tener en cuenta las modas. Ha de ser muy cansino y complicado estar al día de lo que toca en cada momento".
Le bautizaron como visionario de la Cançó. Y él ha sabido hacerse un merecido hueco y mantenerse en el cada vez más efervescente panorama musical catalán, ya sea con piezas inéditas y ahora remozadas como Emboscat (canción que ha interpretado en acústico para EL PERIÓDICO), o recuperando piezas del cancionero europeo: italiano, francés, gallego, vasco, castellano... Amor eche viene, amor eche vai, de Fabrizio de André, L'aigle noir, de Barbara, Negra sombra, musicada a final del siglo XIX por Xoán Montes Canon (a partir del poema de Rosalía de Castro), la pieza tradicional vasca Haika mutil (que popularizó Mikel Laboa) y la citada copla La bien pagá ("que ya cantaba en los directos de Tel.lúriques", recuerda) integran su desprejuiciado repertorio. "Me estimula buscar cosas de fuera; lenguas hermanas", admite. Mas recuerda lo importante que es para cualquier creador bucear en la tradición. "Eugeni d' Ors decía que lo que no es tradición es plagio. Y yo estoy de acuerdo: es más original la tradición que la originalidad en sí".
El músico ha querido cuidar este generoso compacto tanto en el contenido como en el continente. Y el pintor Perajaume le ha diseñado y esculpido un disco de vinilo de barro, con surcos que se van levantando concéntricamente, que se adjunta en la caja. "Cuando me propuse hacer este disco tenía ciertas pretensiones, la verdad, porque seríamos 15 personas en el escenario presentándolo y porque quería que el álbum ya reflejara el potencial de lo que sería este directo. Y enseguida pensé en Perajaume por su calidad indiscutible. Este tema del territorio común él también lo ha trabajado mucho. Y que quisiera trabajar gratis e hiciera este disco de barro, que refleja lo que es labrar la tierra para sembrar, es maravilloso. Y más en estos tiempos, en esta sociedad del exceso en la que todo, insisto, pasa tan rápido".