Una serie de seres disparatados se dan cita en Los inmortales (Alfaguara), novela de Manuel Vilas (Barbastro, 1962) original y sarcástica situada en un futuro muy, muy lejano. Stalin, Juan Pablo II, la Madre Teresa, Eva Braun y el mismísimo rey Juan Carlos viven en sus páginas.
El escritor aragonés Manuel Vilas, durante su última visita a Barcelona, en un céntrico hotel de la ciudad. JOAN CORTADELLAS
Información publicada en la página 65 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 16 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Por qué tantas historias y tantos personajes desaforados?
-El libro tiene muchos planos y eso es intencionado. Se puede leer como una novela de aventuras en el límite de la realidad. Pero también como una serie de cargas de profundidad crítica a la cultura, la política, las instituciones y el capitalismo. La historia sucede en el año 22011 y, claro, nadie sabe como será el mundo entonces.
-Ni si será... Usted lo imagina poblado por inmortales.
-Imaginé que el analfabetismo y el hambre se habrían erradicado. Así que me puse a pensar que lo único que faltaría es superar nuestra más dura condición como especie, la muerte. Lo que hago en la novela es enfrentar el mundo shakesperiano, el de la tragedia, con el cervantino, el mundo de la comedia, que es mi apuesta personal.
-Y esto vuelve a ser uno de sus retratos sorprendentes y distorsionados de la realidad.
-A mí mi novela no me sorprende, lo que me realmente me choca es la realidad. En Los inmortales aparece Hugo Chávez convertido al islam. Pues bien, hace unos meses, el presidente de Irán visitó Venezuela y Chávez le llamó hermano. ¿No es igualmente increíble?
-¿Su personal visión del mundo tiene relación con la ingesta de drogas o de alcohol?
-Nada de lo primero y, por desgracia, apenas nada de lo segundo. Eso tiene que ver con mi carácter. Necesito que las cosas estallen, no me va lo tenue y delicado.
-¿Y esa vitalidad procede de esa mirada de adolescente que todavía conserva?
-Posiblemente. En mis libros están marcados por el cómic y el pop, dos géneros muy juveniles. El pop es importante para mí porque hago con todos esos personajes algo parecido a lo que Warhol hizo con Mao.
-Habrá quien lo tilde de frívolo.
-Puede, pero yo no soy historiador. Lo que hago es explorar nuevas posibilidades artísticas y literarias frente a la historia. Y eso sí debe hacerlo un escritor.
-El rey Juan Carlos va camino de convertirse en su personaje fetiche. Y eso que la aparición de la novela es previa a su viaje a Botsuana.
-El arrepentimiento del Rey es uno de los momentos estelares de la televisión española de los últimos años. Desde el 23-F Juan Carlos no había estado tan bien. Es un rey posmoderno en medio de un montón de políticos carcas y decimonónicos. Pedir perdón es vanguardia pura.
-¿Habla en serio?
-Es el no va más de una actuación artística que supera cualquier argumento político. El Rey es un artista. Un artista audaz. El día que en España se entienda artísticamente ese arrepentimiento habremos dado un salto evolutivo. Pero de momento me temo que estoy solo.
-Y no menos significativamente, alguien llamado Manuel Vilas es también otro de sus personajes.
-Sí, hay un juego de identidades.
-Y es el único que tiene miedo a la muerte.
-Porque es el único que se va a morir de verdad.