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tú y yo somos tres

«Querida, ¡déjese llevar!»

FERRAN MONEGAL

@MonegalFerran

Viernes, 30 de noviembre del 2012

Colosal duelo interpretativo en el inicio de la tercera temporada de Downton Abbey (A-3 TV). Ha aparecido, por primera vez, la abuela norteamericana de los exquisitos -y muy british- condes de Granham, y resulta ser Shirley MacLaine interpretando el papel de Martha. Llega a Inglaterra, después de muchos años de ausencia, para asistir a la boda de su nieta, lady Mary, y en la fastuosa mansión se reencuentra con la otra abuela, la condesa viuda Violet, o sea, la estupenda Maggie Smith. ¡Ahh! Qué delicia de diálogos. Qué filigrana, qué ironía, qué finezza. Se saludan educadamente. Se hablan de usted. Mantienen una interesantísima retranca entre ellas, a pesar de que hace lustros que no se ven. Exclama Martha, en un momento dado: «Quiero ver, quiero conocer a ese novio que se lleva a nuestra nieta». Contesta Violet, con un flemático gesto de reprobación: «No, de ninguna manera, el novio hoy no puede estar aquí, no es correcto que vea a la novia la noche antes de la boda». Y entonces la estadounidense esboza una sonrisa y le suelta: «Vaya, para ustedes las cosas no cambian, ¿verdad? Estallan revoluciones, caen monarquías... ¡pero el novio sigue sin poder ver a la novia! Las férreas tradiciones han llevado a Europa a una guerra mundial. Querida, de vez en cuando debería usted dejarse llevar un poco». O sea, abandone la rigidez, ¡y suéltese! ¡Ah! Excelente golpe el de esta cuidadísima serie incorporando para este capítulo el duelo Maggie Smith & Shirley MacLaine. Representan estas dos ancianas damas dos mundos diferentes. Son contemporáneas, viven ambas en 1920, pero si una es la síntesis de la férrea tradición británica, la otra, la yanqui, encarna la más fantástica cultura de la emancipación.

EL PAPA PAULO II.- Está a punto de concluir la primera temporada de la serie Isabel (TVE-1). Este es otro trabajo con el que hemos disfrutado enormemente. El otro día llega un emisario a la corte del rey Juan II de Aragón. Le explica noticias y cotilleos de Roma. Le cuenta que el papa Paulo II ha muerto. Le comenta: «La versión oficial dice que murió atragantado con un trozo de melón. La extraoficial, que tuvo un ataque mientras yacía con un paje». ¡Ahhh! El rey Juan II casi se cae al suelo de la risa que le entra. Y exclama, carcajeándose: «No fue un melón, ¡fue un pepino lo que le mató!». Hay que reconocer que en 1470 ya tenían un sentido del humor muy caústico, y muy silvestre.

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