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1977-2012 LA ESPAÑA DE AQUEL 15-J | LA MÚSICA Y El CINE

Aunque el paso del tiempo ha convertido el año 1977 en sinónimo del estallido punk, la moda del imperdible era un exotismo inconcebible en la España de aquellos días, entregada a la música de baile de facturación alemana y al zumbido de las espadas láser de 'La guerra de las galaxias'.

Que la disco te acompañe

Domingo, 10 de junio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
RAFAEL TAPOUNET

No Elvis, Beatles or The Rolling Stones in 1977», cantaba un airado Joe Strummer en la cara B del primer sencillo de los Clash, publicado en marzo del año que nos ocupa. La profecía se cumplió a medias. Los Beatles habían dejado de existir como entidad creativa siete años atrás, los Rolling Stones vivieron un curso particularmente accidentado a causa de los problemas de Keith Richards con la justicia canadiense y Elvis Presley tuvo la mala idea de morirse. Hasta ahí, Strummer lo clavó. Pero si de lo que se trataba era de anunciar el ocaso definitivo de la era de los dinosaurios del rock corporativo y el ascenso al poder de una nueva camada de bandas jóvenes y furiosas empeñadas en recuperar los valores primigenios del rock'n'roll como medio de expresión, bueno, entonces habrá que decir que las cosas igual no fueron para tanto. No en aquel año.

Algunos hechos destacados del mundo de la música que tuvieron lugar en 1977. YOUTUBE

1977. Obi Wan Kenobi y la espada láser de 'La guerra de las galaxias'. El cine en otra dimensión.

2012. Will Smith y el borrador de memoria. 'Men in black' llega este año a la tercera entrega.

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Información publicada en la página 7 de la sección de (vacia) de la edición impresa del día 10 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Es indudable que el artefacto explosivo que los Clash, los Sex Pistols y el resto de la camada punk colocaron en los cimientos de la industria cultural tuvo un enorme impacto y, a medio plazo, alteró de forma sustancial el modo de concebir la música popular. Pero que la historiografía rock haya convertido 1977 en el año del punk no deja de ser, en parte, una mixtificación, y para comprobarlo, basta con repasar los nombres que reinaron durante aquellos 12 meses en las listas de éxitos de todo el mundo; clasificaciones copadas no por las hordas del imperdible sino por titanes del rock de frecuencia modulada como Eagles, Wings y Fleetwood Mac y por los vistosos heraldos de un nuevo movimiento que, este sí, se extendió por todo el globo con la velocidad y el fulgor de una supernova: la música disco.

Incluso España, que no recibió la onda expansiva del estallido punk hasta bien entrado 1978, se apuntó con puntualidad a la movida disco. Claro que aquí no triunfaron (al menos, no inmediatamente) las manifestaciones más genuinas del género -el canónico Disco Inferno de The Trammps o el revolucionario I feel love de Donna Summer-, sino que, por alguna razón inexplicable, lo que caló fue un discreto sucedáneo manufacturado en Alemania. El entusiasmo con el que los españoles de aquellos días se lanzaron a las pistas y a las carpas a bailar cosas como el Soul Dracula de Hot Blood o el Ma Baker de Boney M (y, si me apuran, el Yes, sir, I can boogie de las hispanoteutonas Baccara) merecía por sí solo un rescate financiero. Y algo más.

Estas explosiones de hedonismo germanodiscotequero convivían en los casetes de Éxitos 77 con manifestaciones más arraigadas en la tradición musical patria: galanes melódicos preferiblemente con bigote (Pablo Abraira y su inmarcesible Gavilán o paloma), emergentes ídolos de jovencitas (Miguel Bosé y Linda), esforzados trabajadores de la canción veraniega (Georgie Dann y Mi cafetal) y circunspectos intérpretes de himnos de una época con conciencia de serlo (los andaluces Jarcha y la omnipresente Libertad sin ira, censurada un año antes por la Dirección General de Radiodifusión).

El cine franquicia

Y hablando de censura, la garra de la prohibición también se relajó en el ámbito del séptimo arte y los sufridos cineclubistas de la época pudieron por fin ponderar como Dios manda las virtudes de cosas hasta entonces vetadas como El acorazado Potemkin y Viridiana. Entretanto, las muchedumbres se agolpaban en las salas para solazarse con los guantazos de Rocky y, sobre todo, con los combates espaciales de La guerra de las galaxias, la película que cambió para siempre las reglas de la industria del espectáculo e inauguró la era del cine convertido en franquicia comercial.

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