El reciente aumento del IVA va a convertir la música en directo, más que nunca, en un espectáculo económicamente inasumible. Quizá sea hora de que público y artistas promuevan formas alternativas de encontrarse. Ferran Palau y Louise Sansom, cantantes del grupo Anímic, ya están en ello. En realidad, su iniciativa tenía otra motivación: como su paternidad les impide ir a todos los conciertos que desearían, han decidido abrir su casa de Collbató para que actúen allí sus grupos favoritos. La motivación es distinta, pero el proceso es el mismo: imaginar nuevos espacios donde programar conciertos y plantear un trato más directo entre músico y espectador. Para eso hace falta una casa de grandes dimensiones, claro. Pero también algo más grande: voluntad para abrirla a desconocidos. Porque quien quisiera asistir a los conciertos debía escribir un correo a Louise y, una vez allí, abonar diez euros que servirían para pagar al músico. A cambio, velada irrepetible y bocata de tortilla.
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