Ideas

Panorámica desde Bilbao

Jueves, 19 de julio - 00:00h.

Desde finales de los 90, David Hockney ha vuelto asiduamente a los paisajes de su infancia en Yorkshire. El paisaje siempre ha sido importante en su obra: en sus primeras obras pop, en las imágenes de Los Ángeles de los 70 que le dieron la fama (y que crearon el icono, tanto público como privado, de la ciudad); en los apuntes de sus innumerables viajes, o en los montajes de múltiples fotografías con los que trabajó en los 80. Parece como si una vuelta periódica al paisaje le sirviera para cerrar una etapa y empezar otra.

En esta ocasión, en la exposición que le dedica del Guggenheim de Bilbao, el paisaje, más que un interludio, se ha convertido en el tema. Durante los últimos cinco años, el pintor ha representado de forma variada y exhaustiva la imagen de un número reducido de lugares, con todas las variaciones que el paso de las estaciones impone.

El resultado, magnífico, vital, es a la vez impresionante y conmovedor: una extensa e intensa meditación sobre la posibilidad de compartir la experiencia del espacio, y el tiempo (¡en estos tiempos!) con la experiencia y los recursos, innumerables, de uno de los pintores figurativos más interesantes de los últimos 100 años.

A juzgar por la expresión de felicidad de los que circulábamos por el Guggenheim, parece que el intento ha sido todo un éxito, no solo porque en la exposición hay muchas obras maravillosas, en medios que van desde la acuarelita más sencilla al iPad, pasando por el óleo, sino porque este verdadero tsunami de imágenes, además de una ventana sobre el paisaje, es la puerta del estudio de David Hockney, que con su generosidad habitual nos muestra la gestación y el nacimiento de su obra. Un regalo.