EL LIBRO DE LA SEMANA

Tres semanas en el mar

Michael Ondaatje relata la travesía de un niño desde Sri Lanka

Miércoles, 4 de julio - 00:00h.

Las antiguas travesías marítimas, cuando los viajeros iban de un continente a otro por necesidades diversas, a veces durante meses, ofrecen al novelista un espacio creativo único. Por un lado está la estructura social dentro de la nave, con la autoridad del capitán, el servicio o la distribución del pasaje en distintas clases. Por el otro, la esencia del viaje -la aventura, el horizonte que cambia, el movimiento constante, las escalas en ciudades desconocidas- que contrasta con la vida privada del camarote, un simulacro de hogar.

Este patrón creativo ha dado lugar a algunas buenas novelas, de Joseph Conrad -el maestro- a Kipling, de Katherine Ann Porter a Alessandro Baricco, pero sorprende que en realidad no haya muchos más ejemplos. El viaje de Mina, de Michael Ondaatje (Sri Lanka, 1943), se suma a esta tradición y la ennoblece con una historia imaginativa, tierna, emotiva. La novela se sirve además de otro argumento que es herencia del colonialismo británico: el niño que viaja a solas a la madre patria y esa peripecia le transforma.

En este caso se cuenta la travesía de Mina, un niño de 11 años que navega de Sri Lanka hasta Inglaterra al encuentro de su madre. El viaje a bordo del Oronsay dura 21 días, un periodo de libertad absoluta que acelera su entrada en la adolescencia, su despertar erótico, y asimismo le permite atisbar los miedos y las imposturas de la edad adulta.

El título original de la novela -The Cat's table, o La mesa del gato- hace referencia a esa mesa que queda más alejada de la del capitán. Es la mesa de los solitarios, los desparejados, los invisibles, y allí va a parar Mina. En ella coincide con dos chicos de su edad, Cassius y Ramadhin, quienes también viajan a sus anchas, y con un repertorio de personajes excéntricos que vamos conociendo poco a poco. Está Max Mazappa, pianista de jazz y que tocó en Francia con Sidney Bechet. El señor Daniels, que está al cuidado de un jardín de plantas medicinales y venenosas, en lo más recóndito del barco. O la señora Lasqueti, una solterona con cierto atractivo para los tres chicos, cuyo misterio que es que lleva consigo 30 palomas.

Junto a ellos y muchos otros personajes, el barco se convierte para los tres amigos en un lugar de aventuras. «Cada día teníamos que hacer como mínimo una cosa que estuviera prohibida», dice Mina. El catálogo de prohibiciones incluye las incursiones furtivas a la primera clase, meterse en la sala de máquinas del barco o espiar al prisionero: un asesino que la policía deja pasear de madrugada por la cubierta del barco.

EL PASADO DEL AUTOR / Ondaatje recrea esos 21 días de viaje con episodios maravillosos, como la descripción del canal de Suez cuando lo cruzan de madrugada, y poco a poco desliza en su prosa el contrapunto del paso del tiempo, los años que han convertido esas vivencias en un recuerdo casi irreal.

Como Mina, el protagonista de su novela, Michael Ondaatje también realizó a los 11 años un viaje en barco entre Sri Lanka e Inglaterra. Al final del libro, el autor avisa en una nota de que estamos ante una ficción, con unos personajes inventados, pero uno prefiere suponer que el alma de la historia -esa toma de conciencia que corre por debajo de las aventuras y las anécdotas- se filtró directamente de la memoria de Ondaatje.

3 EL VIAJE DE MINA

Michael Ondaatje

Trad.: José Luis López Muñoz.

Alfaguara. 218 p. 19,50 €