El veterano Cesc Gelabert (Barcelona, 1953) se ha enfrentado a muchos retos en su vida. El último, crear una coreografía pensada para gente mayor y aficionada a la danza. En el experimento han participado una veintena de bailarines séniores, 27 intérpretes que van desde los 50 años del más joven a los 87 del mayor, y una selección de estudiantes del último curso de danza del Institut del Teatre. El contraste entre ambos grupos enriquece este curioso espectáculo, bautizado como 'Memòries corporals', que se representó el miércoles en CaixaFòrum a las 20.00 y 22.00 horas.
"Yo ya tenía un sentido de la danza, pero Cesc me ha hecho descubrir la que sale del interior, algo mucho más profundo. A diferencia de la meditación, con la danza debes expresarte con el movimiento", destacó Meche, una mujer proveniente del sector de la hostelería, durante el ensayo celebrado ayer por la tarde en el vestíbulo de CaixaFòrum. "Yo hasta ahora había pagado para ver a Cesc Gelabert. Tenerlo como maestro es un auténtico lujo. Cesc habla con el cuerpo, con la mente, con la mirada, con la sonrisa", comentaba Julia, la más veterana del grupo aunque no lo aparente. Se mantiene fenomenal, quizá porque ha bailado desde los 14 años, aunque desde hace un tiempo se ha pasado al taichí.
Entre los participantes, una aplastante mayoría femenina. «Los hombres son más sosos, ¡qué le vamos a hacer!», comentaba Núria, una jubilada de 77 años aficionada a la sardana que se apuntó a la movida con dos amigas más. Todas han descubierto un mundo en la danza contemporánea. "Cesc nos ha hecho tomar conciencia de cómo nos movemos. Nos ha transmitido tal confianza que me tiraría de un helicóptero si me lo pidiera", afirmaba Pepi.
Pese al revuelo causado por las cámaras y los fotógrafos, los veteranos bailarines mantuvieron la calma ayer durante el ensayo. Y desde el primer momento se concentraron en lo que el gurú Gelabert les decía. "Lo haréis todo bien", animaba nada más empezar. "Si dudáis mirar al de al lado o a mí para situaros. No tengáis miedo, si eso ocurre, intentad salir con elegancia", continuaba. Y dicho esto el discurso se centró en la 'sinfonía d elas articulaciones' --así se refiere Gelabert a la obra--, diseñada para personas que no padecen ningún tipo de artrosis mental, y que están dispuestas a enfrentarse a nuevos retos sin temor al ridículo.
A medida que avanzaba el ensayo quedaba claro que los participantes han aprovechado las tres semanas de ensayos previos. Bailan dejándose llevar, algunos con los ojos cerrados, otros sonriendo, y muchos intentando hallar su lugar en el linóleo. Las ideas y emociones que recorren sus cuerpos son claves. Gelabert no dejaba de repetírselo. "No os movías por moveros, sentid lo que estáis haciendo. Disfrutadlo. Utilizad vuestros sentidos para ubicaros en el espacio", insistía el coreógrafo con voz pausada mientras observaba la primera parte de las seis que componen 'Memòries corporals'. "Explorad lo que podéis hacer", sentenciaba al fin. Mientras, los intérpretes parecían haberse olvidado por completo de su edad. Y Gelabert sentenciaba con un "¡Bravo!".
Acabado el ensayo, primero sin música y luego con la partitura, todos aplaudieron. "Ojalá esto se repita. Estas semanas de ensayos me han pasado volando", suspiraba una de las veteranas bailarinas.
"La danza une mente, cuerpo y corazón. Mi intención es darles herramientas para que tengan una mejor calidad de vida", explica Gelabert. "Otro aspecto importante es la experiencia del teatro, la confrontación con una realidad diferente que ha cambiado su manera de percibir", añade. Gelabert, cercano a los 60 años y en activo como bailarín, ha enseñado a los veteranos participantes en la experiencia cosas aparentemente tan rutinarias como bajar hasta el suelo, estirarse y volver a levantarse con elegancia. "A partir cierto momento la gente abandona su cuerpo pero pueden recuperarlo a través de la danza, una forma de vida que está hasta en los pequeños gestos", afirma encantado con el proyecto 'Memòries corporals'.