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UN CABALLERO QUE NO PIERDE LA SONRISA

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016

El escritor barcelonés dice en Londres, tras recibir el Premio Cervantes, que el galardón es "un final de trayecto feliz"

El barcelonés niega tener ningún problema en Catalunya y recfuerda que "no es una rareza que un catalán escriba en es castellano"

Mendoza dice en Londres, tras recibir el Premio Cervantes 2016, que el galardón es "un final de trayecto feliz".

REUTERS / Vídeo:ATLAS

Mendoza dice en Londres, tras recibir el Premio Cervantes 2016, que el galardón es "un final de trayecto feliz".

BEGOÑA ARCE / ERNEST ALÓS / LONDRES / BARCELONA

Miércoles, 30 de noviembre del 2016 - 14:09 CET

A Eduardo Mendoza le ha pillado caminando por la calle en Londres la llamada del ministro español de Cultura, comunicándole que había ganado el Premio Cervantes. “Lo primero que pensé fue: ¡Madre mía!, ¡Qué apuro! ¡Y no está Carmen Balcells!”. El primer recuerdo fue para su amiga y agente literaria, ya fallecida. El escritor empezó a recibir a partir de ese momento tantas llamadas que decidió desconectar el móvil y marcharse a comer. Señor de Barcelona, recién investido caballero cervantino y ahora confortablemente asentado en un Londres que cuadra tanto con su ironía reposada de 'gentleman', reapareció por la tarde en la sede recién estrenada del Instituto Cervantes, sonriente, de corbata y chaqueta y asumiendo el galardón “a modo de conclusión”. Como "un final de trayecto feliz", que no implica que no vaya a seguir escribiendo y por supuesto es mucho mejor que "una despedida dramática".

El premio, por su importancia y por el momento en que se lo han otorgado, según el escritor catalán (Barcelona, 1943) “cierra un poco el círculo” que empezó con 'La verdad sobre el caso Savolta' en 1975, cuando siendo un debutante “perfectamente desconocido” recibió el Premio de la Crítica. “Eso hizo que mis principios fueran casi violentos. Mi vi catapultado de la nada, a ser un escritor desconocido del que se esperaban algunas cosas. Desde entonces -ha afirmado- he vivido casi 50 años con la convicción de que todas esas esperanzas iban a quedar frustradas. Ahora este premio me sirve para decir que, bueno, la cosa ha salido, más o menos bien”.

"SE PUEDE ESCRIBIR LITERATURA SIN PERDER LA SONRISA"

El jurado del Cervantes sitúa a Mendoza en “la estela de la tradición cervantina” y él, “sin pedantería”, se reconoce en esa herencia: “Cervantes tuvo una influencia muy grande en mí, como persona y como escritor y las dos cosas son indisociables”. Ha recordado cómo siendo adolescente y estudiante de preuniversitario (la selectividad de su tiempo) tuvo que leer por obligación el 'Quijote' y lo que le pareció en un primer momento un tocho aburrido pronto se trasformó en el gran descubrimiento de que, “se puede escribir literatura sin perder la sonrisa”. En aquella época en que todos querían "ser escritores malditos”, se quedó prendado “con el estilo que caracteriza a Cervantes: su sencillez, elegancia y buen rollo”.

El “humor”, es otro de los valores de su obra destacado por el jurado. “El humor, hasta hace relativamente poco, ha estado mal valorado. Siempre se ha pensado que la novela, para ser buena, debía ser dramática. El 'Quijote', 'El Lazarillo de Tormes', buena parte de la obra de Quevedo y Dickens, ya que estamos en Londres, han sido escritores básicamente de humor”. 

Uno de los momentos cumbre de su carrera literaria, ha afirmado, fue cuando escribió 'Sin noticias de Gurb', que hizo de él “un escritor de humor, leído por niños, adolescentes y otras personas de mal vivir”. Eso le abrió puertas insospechadas. “Es difícil encontrar una persona en España que no haya leído, por su gusto o disgusto, 'Sin noticias de Gurb'”. Sus libros,“para bien o para mal, son cómodos de leer” y celebró haber recibido de los lectores “muestras de simpatía y de gratitud”

"NO ES UNA RAREZA QUE UN CATALÁN ESCRIBA EN CASTELLANO"

El galardonado no utiliza ni frecuenta las redes sociales, peroha sido informado por los periodistas presentes, de que ellas se especulaba con su “exilio” en la capital británica, como un modo de huir del ambiente actual en Catalunya. Nada menos cierto, ha asegurado.Aunque quienes le conocen sí hablan, razones personales al margen de las que tampoco hablará, de un cansancio ante el debate actual en Catalunya que nunca reconocerá en voz alta y que le viene alimentado tanto por las actitudes de unos como las de otros.

“No he tenido nunca ningún problema, ni a nivel personal, ni a nivel oficial en Catalunya”, ha respondido, recordando que también había sido premiado por la Generalitat (el Premi Nacional de Cultura del 2013). “He escrito cosas en catalán. Soy bilingüe. No es una rareza que un catalán escriba en es castellano”, ha señalado, recordando a Marsé, los Goytisolo y algunos otros. En los últimos años, han sido varios los escritores catalanes en lengua española que han obtenido el Premio Cervantes: Juan Goytisolo en el 2014, Ana María Matute en el 2010 y Juan Marsé en el 2008. El Premio Nacional de Narrativa de este año ha sido también para la escritora catalana Cristina Fernández Cubas. Algo que Mendoza considera que forma parte de la "normalidad".

Mendoza ha mantenido una posición de puente entre los escritores catalanes en lengua castellana más militantemente activos frente a las instituciones gobernadas por el nacionalismo y su política lingüística y cultural. Se vio arrastrado a regañadientes, al igual que Javier Cercas, al plantón de los escritores en castellano invitados a participar en la presencia de Catalunya en la Feria del Libro de Fráncfort del 2007, participó recientemente en el acto de Societat Civil Catalana 'razones para el bilingüismo' pero al mismo tiempo no se le pueden recordar declaraciones del tono de un Juan Marsé o un Félix de Azúa y si participaciones en acciones de deshielo y reconocimiento como la participación de Barcelona y Catalunya en la Feria del Libro de París (al igual que Cercas, pero no Marsé o Azúa) o la recepción del Premi Nacional de Cultura de la Generalitat en 2013.

EL IDILIO CON LONDRES

De Londres se enamoró cuando a finales de los años sesenta le dieron una beca y se topó con “los Beatles, Mary Quant, Carnaby Street, y también la  London School of Economics y la British Library”.  “Me hice anglófilo, una enfermedad de la que no he intentado curarme”. En Londres tuvo hace años la oportunidad  de comprar un apartamento y actualmente vive a caballo entre la capital británica y Barcelona. “Estoy aquí como quien va de visita a casa de un amigo”, concreta.

Sobre la indiscreta cuestión de, qué piensa hacer con el dinero, ha reconocido no saber de cuánto era la dotación, aunque ha asegurado que había oído que este año no había fondos para el Cervantes (la partida ha estado bloqueada unos meses por el cierre presupuestario), algo que sería lamentable. Uno de los periodistas le ha informado de que la dotación era de 125.000 euros. Mendoza entendió al principio 25.000 y cuando ha salido del error, ha exclamado: “¡Pero eso es una pasta! Ahora sí que tengo que pensar lo qué hacer con él”.

LA CARRERA DE MENDOZA

Eduardo Mendoza Garriga (Barcelona, 1943) residió en Nueva York trabajando como traductor simultáneo para la ONU. Publicó de forma relativamente tardía, ya con 32 años, la primera de sus novelas, 'La verdad sobre el caso Savolta' (1975), que originalmente debía titularse 'Soldados de Cataluña', en referencia a la canción infantil, cita que la censura entendió de forma más suspicaz, obligando a modificar el título de esta historia situada en la convulsa Barcelona en la que algunos medraban gracias a la neutralidad española en la primera guerra mundial. Su apuesta por el poder de la historia y las referencias a géneros como la novela histórica, el folletín y la intriga supuso un contrapunto, tanto respecto al realismo social como a los vericuetos experimentales de los años 70, agradecido con el Premio de la Crítica y el favor de los lectores.

En lugar de replicar el éxito sus siguientes títulos fueron 'El misterio de la cripta embrujada' (1979) y 'El laberinto de las aceitunas' (1982), dos revisiones paródicas del género policiaco protagonizadas por el detective loco que reparecería en 'La aventura del tocador de señoras' (2001), 'El enredo de la bolsa y la vida' (2012) y 'El secreto de la modelo extraviada' (2015). La vena humorística de Mendoza tuvo un hito popular en 'Sin noticias de Gurb' (1991), la visión de la Barcelona preolímpica por un alienígena, y prosiguió con títulos como 'Mauricio o las elecciones primarias' o 'El asombroso viaje de Pomponio Flato' (2008).

'LA CIUDAD DE LOS PRODIGIOS'

Regresó a la historia de Barcelona con 'La ciudad de los prodigios' (1986) y trasladó la fórmula al Madrid republicano en 'Riña de gatos: Madrid 1936', con la que obtuvo el premio Planeta en el año 2010. 'La ciudad de los prodigios', su gran novela sobre Barcelona, retrata la ciudad, y la poco ejemplaridad de las élites locales, a partir del ascenso del provinciano Onofre Bouvila desde su llegada en vísperas de la Exposición Universal de 1888 hasta la Exposición Internacional de 1929.

Mendoza no ha limitado su obra a la narrativa. En 1990 estrenó una obra de teatro, escrita en verso libre y en catalán, titulada 'Restauració'. En 1991 esta obra de teatro, traducida al castellano por el propio autor, abrió la edición del Festival Internacional de Teatro de Madrid y fue presentada en el Festival Internacional de Teatro que se celebró en Lisboa, Oporto y Evora. Además de autor teatral realiza adaptaciones teatrales, como la versión de la obra de Arthur Miller 'Panorama desde el puente' estrenada en el Teatro Albéniz de Madrid en 2001 y la obra de William Shakespeare 'El sueño de una noche de verano' en el 2003.

No le asusta tener que ganarse la titularidad, pero tampoco quiere aburrirse en el banquillo