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DOS LEYENDAS DEL CELULOIDE

«Prefiero vivir con los recuerdos que trabajar» Alain Delon

Sábado, 4 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
NANDO SALVÀ
LOCARNO

«La gente me pregunta, '¿no echas de menos el cine?', y yo siempre contesto lo mismo: no», aseguraba ayer en Locarno Alain Delon. «Siento que lo he hecho todo y lo he logrado todo. Prefiero vivir con esos recuerdos que seguir trabajando». A punto de cumplir los 77 años, el actor francés admite pasar buena parte de su tiempo pensando en el ayer: «Me gusta decir que mi vida está detrás de mí. Solo el pasado tiene resonancia para mí. Dicen que me alimento de la nostalgia, y es cierto».

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Información publicada en la página 320 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 04 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

A lo largo de 50 años, Delon se ha convertido en el actor europeo más merecedor del estatus de movie star, el más capaz de despertar deseo, admiración y exceso emocional en mujeres y hombres por igual, el más hábil enamorando a la cámara. «Siempre me he sentido a gusto frente a ella», confesó ayer en un encuentro con la prensa que cubre el Festival de Locarno (Suiza). «La miro como miro dos ojos, tengo la impresión de observar al espectador y hablarle directamente». Así ha sido, asegura, desde que rodó su primera película, Quand la femme s'en mêle (1957). «La primera cosa que el director Yves Allégret me dijo entonces fue, 'Yo no quiero que interpretes, solo quiero que seas, que te muevas como te mueves, que hables como hablas, que mires como miras'. Es exactamente lo que hice, y así hasta hoy».

Fue su rostro lo que lo empujó al mundo de la interpretación. Recién llegado de cumplir el servicio militar en Indochina -hoy Vietnam-, sobrevivía en París llevando a cabo trabajos varios cuando su belleza llamó la atención del actor Jean-Claude Brialy, que lo invitó al Festival de Cannes de 1956. Allí, pese a ser un completo don nadie, causó furor. «Desde entonces, he tenido la suerte de poder hacer siempre lo que he querido, cuando he querido y con quien he querido», recuerda.

Para René Clement rodó A pleno sol (1960); para Luchino Visconti, Rocco y sus hermanos (1960) y El gatopardo (1963); para Michelangelo Antonioni, El eclipse (1962). A través de esos y otros papeles cultivó una imagen de hombre enigmático y atormentado que, asegura, estaba íntimamente ligada a su propia personalidad. «Tuve una infancia y una adolescencia muy difíciles. Mi belleza exterior no se correspondía con lo que sentía en mi interior, y siempre sufrí mucho dolor. Creo que ese componente trágico se trasladó a mis personajes». De ahí la predilección que siempre mostró por dar vida a gángsteres, ninguno tan ejemplar como el lacónico asesino a sueldo de El silencio de un hombre (1967), de Jean-Pierre Melville. También en su vida personal coqueteó el actor con los bajos fondos: en 1968, fue interrogado por la policía en referencia a la muerte de uno de sus guardaespaldas.

Pese a que su fama llegó a todos los rincones del mundo, Delon nunca llegó a triunfar en el mercado estadounidense. El idioma inglés no se le daba bien, y pelear con él frente a la cámara parecía incompatible con ese estilo interpretativo natural, impasible y casi desinteresado que lo convirtió en estrella. «Muchos trataron de convencerme para que me marchara a Hollywood, pero me negué», explica. «No porque tuviera algo en contra del cine americano, sino porque siempre he estado loco por Francia, por París, y mudarme a América era algo impensable». En todo caso, dos de sus modelos eran actores anglosajones: Burt Lancaster, con quien trabajó en dos ocasiones, y, sobre todo, Marlon Brando. «Un día le dije a Brando que quería trabajar con él a toda costa, aunque fuera preparándole el desayuno cada mañana, pero no fue posible», bromea.

Operado hace unos meses en París a causa de una arritmia cardíaca, Delon permanece hoy prácticamente retirado de la interpretación. El cine actual, lamenta, no le interesa demasiado. «Yo desarrollé mi carrera en una época en la que el cine tenía la capacidad para hacerte soñar, y creo que eso se ha perdido. En todo caso, matiza, no dudaría en ponerse de nuevo frente a la cámara para directores como Roman Polanski o Pedro Almodóvar -su último trabajo en cine, sin embargo, no tiene un perfil artístico tan elevado: interpretó a Julio César en Astérix en los Juegos Olímpicos (2008)-. «De todos modos, me temo que ya es demasiado tarde para mí. ¿Por qué si no me iban a dar un premio honorífico en Locarno?».

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