El Periódico

Miércoles, 2 de abril del 2014

Se ha escrito mucho estos días sobre el acontecimiento cultural que ha supuesto la inauguración, en la barcelonesa calle Bailén, 8, de la nueva Gigamesh. Se ha hablado de la librería, enorme, se ha hablado de su impulsor, Alejo Cuervo, se ha hablado del lienzo de Corominas, del Túnel del Tiempo y del lanzamiento, en unos días, de la plataforma digital Lektu, con su esperada oferta del libro electró e-book de Juego de tronos... Todo ello es cierto, y merece ser celebrado, pero ha provocado una injusticia: que la inauguración de su sala de actos, la Sala Paco Porrúa, haya pasado desapercibida.

No debería ser así: lejos de ser un homenaje protocolario, al bautizar así el epicentro de tanto despliegue bibliófilo Cuervo ha hecho una declaración de intenciones. Mencionado en numerosas ocasiones en su Exégesis -el libro promocional que Gigamesh regaló durante la inauguración, y que volverá a regalar en Sant Jordi-, Porrúa es para Cuervo la persona que más ha influido en sus gustos y criterios literarios, hasta el punto de que, según se lee en el texto, la librería intentó llamarse Minotauro en sus inicios.

Fundador en 1955 de la editorial homónima, que arrancó con las Crónicas marcianas de Bradbury traducidas por él mismo, el hoy nonagenario Porrúa no es solo, como suele decirse, el padre de la ciencia ficción editada en España, ni el editor y primer traductor de El señor de los anillos, ni el descubridor de Rayuela y Cien años de soledad, y con ello uno de los mitos del boom. Francisco Porrúa es, sencillamente, uno de los mejores editores que ha habido nunca en lengua española. Y si lo es, si Cuervo lo cita como referente, si merece esa sala y mucho más, es sobre todo porque se trata de un modelo: el del editor al que solo mueve la calidad sin prejuicios. El libre. El vocacional.

De Bradbury a Martin, del maestro al discípulo, del señor al guerrillero, el vínculo Porrúa-Cuervo consagrado en la nueva Gigamesh es un rayo de esperanza para la edición en tiempos del márqueting.

Ojeen la Exégesis, con su tramo final en pro de la mid-list y el libro de fondo, y entenderán por qué. Y visiten esa sala, por favor, y háganlo con orgullo de lectores. Libres. Vocacionales. A Porrúa, siempre humilde, le bastará desde casa para sonreír.

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