Esto es lo que nos pasa después de esta semana tan agitada: que ya no sabemos lo que somos. Ni quiénes somos. Ni qué hacer. Ni qué pensar. Me confieso mareado y confuso, intentando comprender lo incomprensible. Por eso no voy a perder ni un segundo siquiera en intentar explicar lo inexplicable. ¡Qué bien lo expresa el título de esta comedia de Tono y Mihura: Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario! Así estamos todos. En la confusión más absoluta. Nos han instalado en el miedo y la desconfianza. Uno no sabe si lanzarse corriendo al banco de la esquina a arrancarles lo poco o mucho que se atrevió a confiarles, o si, haciendo caso a voces más sensatas, abrir un agujero en el colchón y empezar a esconder allí lo que queda -si queda- de la nómina. El vivo sin vivir en mí de Santa Teresa se revela hoy definición exacta del españolito de a pie, con más precisión que nunca. Y aquel título de Jardiel, Una noche de primavera sin sueño, dibuja de maravilla el perfil de cuantos se levantan ojerosos e insomnes a cuenta de la crisis.
Información publicada en la página 73 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 02 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hay, sin embargo, otro título, también de Jardiel, que ya no cuela: Los ladrones somos gente honrada. Pudo ser válido en una época en la que el oficio de burlador de lo ajeno tenía algo de romántico, de pícaro irredento, de robar por necesidad. Ahora ya no. Ahora se roba por avaricia, por deporte, porque va con el cargo, porque es fácil y porque nadie se entera. Ahora los ladrones son de guante blanco, de corazón negro e hijos de la grandísima. Tiran de coche con chófer, viajan en business, les cortan los trajes en Saville Row y presumen de ser más listos que el hambre. Les da risa la palabra honrado porque les suena a cocido con garbanzos, a gente sencilla e ingenua, a dos veces bueno que quiere decir tonto. Y así nos va. Nunca sabremos lo que hay debajo de tantas alfombras, pero seguiremos pagando con nuestro dinero el despilfarro, la caradura y el viva la virgen presupuestario. Y seguiremos callando. Hasta que nos cansemos.
El proyecto de Albert Serra
Mientras llega ese día cada cual busca refugio en lo que puede. Una buena sobremesa, un buen libro, un paseo, una película… ¿una película? Albert Serra, cineasta singular, anuncia el rodaje de una película que durará 200 horas, y que -precisa- deberá verse toda seguida, de una sola tacada. ¿De verdad, es necesario? ¿Con la que está cayendo? ¡Un respiro, por favor, dénme un respiro!