La pasión con que los españoles se descargan contenido pirateado en internet y se resisten a pagar por libros, discos o películas en versión digital tiene un precio. Y no se trata solo del descenso de ingresos para los autores y editores. Hoy mismo, un ejemplo: la primera novela para adultos de J. K. Rowling, The casual vacancy, una comedia negra situada en un pueblo de la campiña inglesa, llega simultáneamente a las librerías en inglés, francés y alemán. Pero no en castellano ni en catalán, a pesar del interés que habían mostrado las editoriales Salamandra y Empúries. El temor de los agentes de Rowling a que el libro se filtrase y difundiese masivamente antes de que el original en inglés empiece a circular ha hecho que los editores que han comprado los derechos no hayan tenido hasta hoy ni siquiera acceso al texto, así que se verán obligados a traducir el libro a marchas forzadas para llegar, al menos, a Navidad.
J. K. Rowling, en el estreno de la última entrega de la adaptación al cine de Harry Potter, en julio del 2011. ARCHIVO / AFP
J. K. Rowling, en el estreno de la última entrega de la adaptación al cine de Harry Potter, en julio del 2011. ARCHIVO / AFP
Información publicada en la página 57 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 27 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
PRECEDENTES PELIGROSOS / Los representantes de la escritora no dejaron margen a la negociación, argumentando la mala reputación de España como paraíso de la piratería. Además de la piratería digital, en el mercado latinoamericano está muy extendida también la copia ilegal de libros impresos. Hay precedentes disuasorios, como el hecho de que la última novela de Carlos Ruiz Zafón, El prisionero del cielo, circulase en internet incluso una semana antes de que saliese a la venta. Planeta llegó a la conclusión de que el texto fue escaneado en una de las varias plantas de América Latina y España en las que se había empezado a imprimir el libro. Una situación incontrolable que se habría podido volver a producir con la distribución del libro de Rowling (Salamandra tiene los derechos para España y América Latina) y podría haber provocado que se conociese el contenido del libro a través de la versión española antes que la inglesa (el embargo informativo ha sido total, y los pocos críticos y periodistas que han podido leer ya el libro lo han hecho firmando un compromiso de confidencialidad vigente hasta hoy, y en ocasiones leyendo el texto bajo vigilancia de un repre-
sentante de la autora, sin poder llevarse un ejemplar consigo.
Pero la piratería no ha sido el único motivo. La editorial que se ha hecho con los derechos del libro en inglés, Little, Brown, forma parte del grupo editorial francés Hachette, por lo que la publicación también en lengua francesa era inevitable. Y la traducción al alemán, según los representantes de la autora, era necesaria para evitar que las ventas del original en inglés dejasen el mercado arrasado en Alemania.
Si el mayor nivel de dominio del inglés hace que esto sea un peligro en Francia y Alemania, y no en los otros dos grandes mercados del libro del continente (Italia y España), se podrá ver en los próximos días: las librerías españolas (y tiendas on line como Amazon y iBooks) venderán también a partir de hoy The casual vacancy.