El Periódico

La gran cita con la historieta

Periodismo en viñetas

Joe Sacco y Guy Delisle se alzan como referentes del medio con sus reportajes y crónicas

ANNA ABELLA
BARCELONA

Jueves, 3 de mayo del 2012

  • El Afganistán de los 80 tras la cámara de Didier Lefèvrè.

  • Iraquís en Siria, por Sarah Glidden.

  • La Jerusalén vivida por Guy Delisle.

  • La Camboya jemer de Tian.

  • Refugiados chechenos interrogados por Joe Sacco.

Aun tras sus impresionantes Gorazde, Palestina y Notas al pie de Gaza, crónicas gráficas donde retrató pincel en mano la guerra de Bosnia y el conflicto árabe-israelí, en el prólogo de su nuevo trabajo, Reportajes (Reservoir Books), Joe Sacco (Malta, 1960) se ve en la necesidad de lanzar unos dardos para «poner en fuga a todos los que arrugarían la nariz ante la legitimidad del cómic como forma efectiva de ejercer el periodismo». Y es que Sacco se ha erguido en referente de la viñeta periodística más seria y comprometida, capaz de atraer sin prejuicios a un lector que habitualmente no lee cómic. Junto a él otra figura imprescindible, Guy Delisle, que prefiere definirse como observador y documentalista y cuya inteligente mirada penetró en la opaca Corea del Norte para descubrir en la reconocidísima Pyongyang un país que hoy, tras la muerte de su dictador Kim Jong-il, sigue tan hermético como cuando él.

Crónicas de Jerusalén (Astiberri), la nueva obra de Delisle (Quebec, 1966), quien hace un par de semanas recaló en Barcelona para dar unas conferencias, está nominada a mejor obra extranjera en el Salón del Cómic. En una viñeta, sentado en un café de la ciudad vieja, reflexiona y hace reflexionar: «Qué extraño lugar aquel donde la visión de un hombre armado en plena calle no provoca ninguna reacción de pánico». Porque además de no estar exento de cierta ironía, su método, dice, es documental. «Solo explico lo que he visto. Soy el dibujante que se sienta en un rincón y observa y dibuja, un hombre cualquiera que sale a la calle y anda por el barrio, que puede quedar fascinado por igual ante el Santo Sepulcro que ante las basuras que se amontonan en un barrio árabe de Jerusalén y prueban lo abandonados que están».

En este estilo documentalista está Didier Lefèbre, cuyo viaje cámara en mano por el Afganistán de los 80 ocupado por los soviéticos dio lugar a El fotógrafo, ya un clásico moderno, donde combinó con maestría relato y fotografía con el dibujo de Emmanuele Guibert y que ahora se publica en edición integral en Sins Entido.

El propio Delisle, que se confiesa nada amante de «las aventuras», define a Sacco, maltés con pasaporte estadounidense, como «un periodista puro» que va en busca de la actualidad allí donde tiene lugar y establece diferencias con él porque el canadiense se ha nutrido de vivencias, anécdotas y conversaciones cotidianas para sus libros casi sin buscarlo. Viajó a Pyongyang por su empleo en un estudio de animación y luego vivió una temporada en Birmania y Jerusalén por el trabajo de su compañera en Médicos Sin Fronteras y junto a sus dos hijos pequeños.

LOS QUE SUFREN/ Según Sacco, «el periodista debe empeñarse en descubrir qué pasa y contarlo, no castrar la verdad en nombre de la neutralidad» y, cual «dibujante que aspira al periodismo», asume las responsabilidades de la profesión: «informar con precisión, citar adecuadamente y comprobar afirmaciones». Así, en Reportajes reúne seis encargos de prestigiosas publicaciones donde lleva a la práctica la cita del británico Robert Fisk, que afirma que los periodistas deben «ser objetivos en favor de los que sufren».

Sacco visita sórdidos y superpoblados campos de refugiados chechenos en Ingusetia, donde habla con mujeres como Zara, que trabaja 17 horas al día para mantener a siete hijos y un marido incapacitado por las torturas rusas; viaja empotrado con marines estadounidenses en Irak e interroga a soldados iraquís que solo buscan «una forma de ganarse el pan»; toma el pulso a la xenofobia contra los inmigrantes africanos sin papeles que llegan a Malta y al miedo y los prejuicios con que los recibe la población local; o denuncia, bloc en mano, la inhumana miseria a la que son condenados a vivir en Kushinagar los dálits, los intocables, el escalón más bajo del ancestral sistema de castas de la India. Como apunta Delisle, «obras que buscan a un público con ganas de leer relatos periodísticos interesantes».

Carles Aleñá, que tenía un año más de contrato, ha aceptado la oferta para quedarse en el Barcelona