Tras el fracaso del Estatut -quizás el (pen)último intento de que prosperase una propuesta unitaria para encajar a Catalunya en una España plurinacional-, CiU decidió coger el testigo de lo que ERC llevaba más de 20 años reclamando: un sistema de financiación similar al concierto de Euskadi y Navarra, que recaudan todos los impuestos y pactan con la Administración central su aportación a las arcas del Estado. Así, toda la legislatura del president Mas se está basando en esta meta. Un maná que en sí mismo ya era difícil de alcanzar, y que la victoria del PP con mayoría absoluta y la escasez extrema de las finanzas públicas estatal y catalana han convertido en sueño casi imposible. Pese a ello, Mas lo mantiene como excusa y argumento con el que, según dijo en el pleno de aprobación, se resolverían buena parte de los problemas de Catalunya. La culpa de los recortes en sanidad, educación, en las nóminas de funcionarios y prestaciones como la Renta Mínima... es de Madrid, por no conceder el pacto fiscal.
El pleno del Parlament del pasado 25 de julio, tras el debate y votación sobre el pacto fiscal. RICARD CUGAT
El pleno del Parlament del pasado 25 de julio, tras el debate y votación sobre el pacto fiscal. RICARD CUGAT
Información publicada en la página 328 de la sección de Opinión Verano de la edición impresa del día 07 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
SIN ENTUSIASMO. Mas ha logrado que la oposición baile en torno a esta propuesta. Y como en la elaboración del Estatut, el texto final fue objeto de meses de negociación en ponencia y en infinidad de reuniones desde septiembre del pasado año hasta el mismo día de la votación. Todo para que en la sesión definitiva se mantuviera el pacto de origen entre CiU, ERC e ICV-EUiA. El PSC solo votó parte del texto. Se abstuvo en el núcleo de la propuesta.
Paradojas de la política, o no, la votación llegó el mismo día en que todos los periódicos constataban en portada que Catalunya pedirá el rescate del Estado. El pleno careció de la emoción del Estatut. Ni logró una mayoría tan amplia, ni hubo cesiones valientes en busca del acuerdo, ni se percibió la sensación de estar planteando al Estado un reto de difícil respuesta.
El president trató de dar trascendencia al acto, pero el pleno transcurrió con gusto a déjà vu y a trámite. Además, la provocación del grupo mixto, el sí pero no del PSC, el tono amenazante del PP y el apoyo condicionado de ICV distaron mucho de trasladar consenso a una ciudadanía angustiada por la tenaza de la crisis y los recortes. No hubo aplausos ni brindis, sino caras de preocupación. En este contexto, destacó que el socialista Ernest Maragall se desmarcase de la habitual disciplina de voto y avalase el pacto fiscal. El Gobierno del PP ya lo ha rechazado, pero Mas mantendrá viva la tensión. Continuará...