Películas como Eduardo Manostijeras o La edad de la inocencia la convirtieron en uno de los grandes talentos del cine de los años 90, pero su carrera se estancó cuando en el 2001 fue descubierta robando en unos grandes almacenes de Beverly Hills. Ayer, Winona Ryder (Minesota, 1971) presentó en la Mostra de Venecia el thriller The iceman, de Ariel Vromen, retrato de Richard Kuklinski, uno de los más sangrientos asesinos a sueldo de la historia de Estados Unidos.
Información publicada en la página 46 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 31 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Cree usted que su personaje en The iceman realmente no conocía las actividades criminales de su marido?
-No creo que sea posible estar casada con un asesino tantos años, y no darse cuenta. Ella quería el sueño americano y él se lo proporcionaba, así que recurrió a la negación como mecanismo de autodefensa. Es algo muy común. Nuestra sociedad está llena de gente que durante el día causa arruina las vidas de la gente, y luego se van a su casa donde les espera una estupenda familia que no hace preguntas. La negación está enquistada en nuestra sociedad.
-Señora Ryder, ¿ha cambiado su actitud frente a la interpretación en los últimos años?
-Sin duda alguna. Cuando me ofrecieron participar en The iceman yo no estaba planeando hacer ninguna película, mi idea era simplemente disfrutar de la vida. Me encanta actuar, pero quiero participar solo en películas que realmente me interesaran en lugar de rodar como una loca con el único objetivo de no estar parada. Tengo 40 años y he estado en este negocio del cine desde que tengo 12. Son ya muchos años, y no quiero que la presión me afecte.
-¿A qué tipo de presión se refiere?
-En este negocio, especialmente cuando las actrices alcanzan cierta edad, se da por hecho que, en cuanto dejen de trabajar por un instante, ya no las volverán a llamar. Pero con esa mentalidad no se puede disfrutar del trabajo. La vida es muy corta, y si lo que haces no te proporciona ninguna satisfacción, no tiene sentido hacerlo.
-¿Echa de menos los años 90, cuando alcanzó su momento de máximo estrellato?
-No lo sé. Cuando yo empecé ser actriz no necesariamente implicaba ser una celebridad. Entonces no había internet ni tanta locura con la prensa rosa. Hice unas seis películas antes de conceder mi primera entrevista. Si tuviera que empezar ahora en el negocio estaría aterrorizada. Hoy en día tienes que estar dispuesto a sacrificar parte de tu vida privada.
-¿Cómo se lleva con el paso del tiempo?
-Me gusta hacerme mayor. Ya desde pequeña quise hacerme mayor lo más rápido posible, porque en los rodajes siempre estaba rodeada de gente que era mayor que yo. Como le digo, todo ese pánico a envejecer que impera en nuestra sociedad me parece una auténtica locura. Me niego a luchar contra la vejez. Por eso siempre me he sentido muy atraída por la cultura de los indios americanos: para ellos, cuanto más mayor te haces, más respetable eres.