Ni fue ni pretendió ser ningún sucedáneo de la mítica conjunción Lole y Manuel. No, la unión escénica de la hija de ambos, Alba Molina, y su progenitor responde a una tradición anterior: la de esos espectáculos familiares tan propios del arte jondo en general y de su propia saga en particular, sobre todo la rama Montoya. Alba y Manuel se presentaron el pasado jueves bajo el nombre de Molinas en una sala Apolo casi llena, como plato fuerte del audaz Festival de flamencos y otras aves.
Información publicada en la página 50 de la sección de Televisión y Radio de la edición impresa del día 20 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Todo quedaba en casa, como si un parentesco global flotase en el aire: desde la complicidad del público al endógamico repertorio o las dedicatorias. Tanto Alba como Manuel, en sus respectivas partes, dedicaron una canción a la actual mujer de él y otra, también como si de un miembro más de la familia se tratara, a la promotora Hanan Boumenjel. Él también le cantó a su otro hijo, que estaba allí, y ella rescató por su cuenta una pieza de la carrera de Lole en solitario. Alba protagonizó el primer tramo acompañada únicamente por la guitarra de un Ricardo Moreno demasiado proclive al virtuosismo. Abrió con un Bésame mucho que más que a bolero o a flamenco sonó a bossa, para, acto seguido, aludir directamente a Jobim. Canción a canción remontó el desangelado arranque, sin nada del repertorio de Las Niñas y varias menciones a su último proyecto pop, Tucara.
FESTIVA LITURGIA / Como el profeta del flamenco que fue y visionario poeta que sigue siendo, Manuel Molina protagonizó la segunda parte. Clamando al cielo con su resquebrajado cante, reduciendo la guitarra a su mínima expresión para arrancar así el alma de la bulería.
Entre letra y letra se deshizo en piropos a Catalunya, renegó de la clase política y dijo entre aplausos: «Ellos no tienen derecho a separarnos». Entrelazó lo sagrado con lo mundano en una festiva liturgia, que culminó mano a mano con Alba y una sola evocación conjunta a Lole y Manuel, un dúo lorquiano y una primeriza pieza de Alejandro Sanz. «¡Hasta llorando estás guapa!», le gritaban.