Oliver Stone, provocador profesional, es una máquina de dar titulares. Sirvan estos ejemplos: "Me gustaría ver a Aznar en el Tribunal de la Haya”; "Nadie ha muerto por una sobredosis de marihuana”; "Chávez volverá a ganar las elecciones en Venezuela”; "Obama no es un presidente memorable”. Todas estas perlas las acaba de soltar el veterano director estadounidense, que esta noche recibe uno de los cinco premios Donostia que concede el Festival de San Sebastián, certamen que siempre le ha mimado. Aquí, a lo largo de su carrera, ha presentado 'Salvador', 'Asesinos natos' y 'Looking for Fidel'.
Oliver Stone a su llegada al Festival de Cine de San Sebastián, la noche del sábado, donde presenta su última película 'Salvajes'. JUAN HERRERO | EFE
Esta vez, Stone también viene con película debajo del brazo: 'Salvajes', una mezcla entre 'Traffic' y 'Jules y Jim' en la que dos jóvenes guapos y listos cultivadores de marihuana en California (ambos comparten el amor de la misma mujer) se ven envueltos en una espiral de violencia después de un poderoso grupo de narcotraficantes mejicanos (liderados por Salma Hayek) quieran quedarse con su negociado. [La película se estrena el 28 de octubre]
Stone se encargó de defender su filme. Y, al mismo tiempo, de hablar sobre política sin pelos en la lengua, lo cual ya se está convirtiendo en toda una costumbre entre las estrellas de Hollywood que están visitando este año San Sebastián: Susan Sarandon, Richard Gere, Ben Affleck... Menos parlanchines que Stone estuvieron sus 'salvajes¿: Benicio del Toro y John Travolta. El primero (que en la cinta da vida al despiadado y brutal escudero de Salma Hayek) estuvo parco en palabras durante las entrevistas con la prensa. Tanto, que a varias preguntas de los reporteros contestó con un "no sé” o con un "si usted lo dice, será así”. Mientras, Travolta (que interpreta a un corrupto agente antidroga) pasó de las entrevistas y se limitó a acudir a la conferencia de prensa. Y eso que anoche el protagonista de la inmortal 'Fiebre del sábado noche' recibió una más que calurosa recibida por parte de admiradores, que se agolparon tras las vallas (que reciben el nombre de vallas antipánico, más consistentes que las normales) para conseguir una foto o un autógrafo.