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El renacimiento de una formación clave del mestizaje

Ojos de Brujo renace con el nombre de Lenacay

La nueva banda liderada por el fundador del grupo, Ramón Giménez, publicará 'Ryma' en abril

Jueves, 19 de enero del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
NÚRIA MARTORELL
BARCELONA

Tres de los exintegrantes (y fundadores) de Ojos de Brujo acaban de crear un nuevo grupo, mientras los abogados buscan una solución amigable para ver cómo se resuelve la utilización del nombre del conjunto: hasta diciembre era la cantante Marina Abad quien lo usaba. Ramón Giménez, El Brujo, guitarrista, compositor y creador de este exitosa formación «que pasó de tocar en La Rambla a ganar un Grammy», es también el creador de esta nueva banda que, según asegura, mantiene el mismo espíritu: investigar nuevas sonoridades alrededor y en el interior del flamenco. Pero ahora se llaman Lenacay, palabra que nace de la aleación de dos términos en caló: Len («que representa el curso de la vida») y acay («mirada»). «Es decir, nuestra propuesta sigue siento una mirada al curso de la vida: un aprendizaje continuo».

Arriba, los nuevos integrantes del grupo. Abajo, Marina Abad, cantante que ha seguido utilizando el nombre de Ojos de Brujo. EL PERIÓDICO

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Información publicada en la página 56 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 19 de enero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Lenacay está preparando el disco Ryma, que saldrá en marzo, y una gira que emprenderá en abril, con las vistas puestas también en el extranjero. El impulsor de esta nueva etapa sigue siendo el que hizo germinar la semilla de Ojos de Brujo en los 90: Giménez, el compositor principal y el que aportaba la parte más jonda. «Un gitano apasionado y decidido a llevar el flamenco a otra dimensión», reza la hoja promocional. Y a su lado, un aliado fiel: Panko El Mago, «reconocido dj en el ámbito de los worldbeats» y «pionero del scratching por bulerías y la rumba break», quien mantiene inalterables sus ganas de indagar en la electrónica y la música de raíz.

También recuperan de Ojos de Brujo al percusionista Xavi Turull, El Guerrero; e incorporan en la escudería a Paula Domínguez, La Camaleón, voz, palmas y jaleos; Yolanda Cortés, La Joya, en el baile y también en el cante; y Eduardo Cortés, El Hechicero, reforzando la guitarra flamenca.

La que fuera cantante de la banda, Marina Abad (y quien durante un año ha seguido utilizando el nombre de Ojos de Brujo), no estaba en la formación original. De hecho, el vocalista inicial del popular grupo no era otro que el famoso Dani Macaco.

Giménez recuerda que cuando empezó con Ojos de Brujo ni siquiera «sabía bien qué era ni tenía que ser la banda». «Escucho flamenco desde que era un bebé, y desde los 12 años todo tipo de música -relata-. Y cuando quise fusionarlas me encontré con todo tipo de rechazos, dentro y fuera del flamenco. No entendían que importara funky, hip-hop. soul... Por eso decidí crear un grupo de fusión que me permitiera investigar», explica.

Y así fue como el tango y la soleá, la bulería y la rumba, se fueron de copas con el funk, el reggae y el scratch. «En realidad -añade el guitarrista-, primero has de juguetear para llegar a profesionalizarte. Y yo no lo hice hasta el 98 y 99, que fue cuando acabé de formar la banda con todos los músicos que había ido conociendo en el camino». Su vocación era y es «demostrar que existe una música de identidad que está fuera de la España del volante y la peineta; un patrimonio cultural, una música de raíz muy potente, con una versatilidad brutal. De ahí que me extrañara que nadie la integrara de forma natural y que la rechazaran como identidad del flamenco», insiste.

El autor de éxitos como Ná en la nevera, Tahitá, Sultanas de mercaillo y Ley de gravedad se planteó como meta «utilizar ese lenguaje uniéndolo con el fondo y la forma de léxicos nuevos». «Y el testigo de todo ese periodo de investigación -añade- lo tomo con Lenacay»,.

CERRAR EL CÍRCULO / Con la vista puesta en el retrovisor, dice que el primer disco de Ojos de Brujo, Vengue (1999) «significó la frescura»; el segundo, Barí (2002), «las ganas de entender el proyecto»; y Techarí (2006) «la catedral, el reconocimiento». El álbum les granjeó un Grammy Latino en el 2007. Con Aoconá, sigue relatando, intentaron «volver a captar ese inicio». «Pero como Ramón Giménez, es con Ryma, el primer disco de Lenacay» donde incorpora «todo lo aprendido, lenguajes diferentes pero no de forma demostrativa: hay un compás de soleá, pero que huele a funky, por ejemplo». El músico asegura que es como «cerrar el círculo» de ese germinal Vengue. Abrirse a nuevos rumbos por recorrer.

«Y es la primera vez que incorporo guitarras eléctricas -advierte-, algo que para mí merecía un capítulo aparte. Y me he abierto a sonoridades más americanas», añade. Eso sí, el primer sencillo es una rumba claramente marca de la casa: Cielo azul.

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