Son solo 40 imágenes de un catálogo que contiene 10.000, pero son suficientes para realizar un acto no ya solo de memoria, sino de justicia histórica. Agustí Centelles ha llegado a Nueva York más de un cuarto de siglo después de su muerte en 1985 en Barcelona. Para ser más exactos, han llegado cuatro decenas de sus fotografías, objeto de la exposición Agustí Centelles In_edit_oh (La maleta francesa), abierta desde el miércoles y hasta el 15 de diciembre en el centro Juan Carlos I de la New York University.
Dos de las imágenes expuestas en Nueva York de Centelles, en el Canal du Midi y el campo de Bram. EFE / ANDRÉS LAMARTINO
Información publicada en la página 72 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 07 de octubre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Es la primera muestra dedicada en exclusiva a Centelles en Estados Unidos. Las imágenes esta vez están firmadas, atribuidas, reconocidas. Y la exposición saca desde el blanco y negro todo el brillo a ese retrato de una guerra civil y un país que Centelles cinceló con cada apretar del disparador y permite al primer fotoperiodista de guerra español buscar el espacio en la conciencia de la audiencia estadounidense del que históricamente le ha desplazado el estelar renombre de contemporáneos como Robert Capa.
Joaquín Gasca, uno de los dos comisarios de la muestra neoyorquina, recordaba el miércoles en la inauguración en el edificio en Washington Square que «de los 40.000 reportajes publicados en todo el mundo sobre la guerra civil española, 300 de los de la prensa internacional fueron realizados por Centelles, pero como los distribuía por agencias nunca eran firmados».
Entre esos estaban trabajos como la foto de tres guardias de asalto apostados tras unos caballos caídos el 19 de julio de 1936 en Barcelona, que ocupó la portada de Newsweek y ha pasado a la historia como una de sus instantáneas más famosas, junto la de las víctimas de los bombardeos de Lleida. De este injusto anonimato el juego con la palabra inédito en el título de la exposición.
El otro juego en ese título es el de haber incluido la frase la maleta francesa, una clara referencia a la maleta mexicana que permitió recuperar miles de negativos de Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour, Chim, objeto ahora de una exposición en Barcelona.
No es un enlace forzado o con puro interés publicitario: cuando Centelles volvió a España durante la segunda guerra mundial huyendo de la Gestapo, se vio forzado a ocultar sus fotos en unas latas de leche condensada que colocó en una maleta que se guardó en casa de una familia amiga en Carcasona (Francia). En 1976 recuperó la maleta. Y esas fotos, en las que «no hay nada melancólico» según la directora del centro Juan Carlos I, Jo Labanyi, seguían ahí. «La historia de Centelles es una historia distinta a la de Capa», destacaba el miércoles Michael Nash, el otro comisario de la muestra. «Capa tiene elementos compartidos con Centelles, pero su perspectiva fue principalmente la de las brigadas internacionales. La de Centelles es la historia de España y el compromiso revolucionario».
Es una historia gráfica, según Gasca, «llena de sentimiento, pasión y emoción», la obra de un fotoperiodista de raza que «respetando siempre la intimidad, siempre se acercó para ver las fotografías que tomaba. Se acerca al objeto, detiene el momento y lo transforma en un documento válido en 1936, 1937 o 1938 y válido hoy». En Lleida o en Barcelona. O en Nueva York.