El Periódico

JUAN VILLORO

Miércoles, 7 de noviembre del 2012

Alfredo Bryce Echenique.

En una ocasión un italiano me dijo: «México es un país de oportunidades: en Italia solo alguien poderoso puede ser corrupto; en cambio, aquí cualquiera puede serlo».

Miles de mexicanos se niegan a aceptar la corrupción como un mal endémico. Esto no puede ser ajeno a la cultura. Hace unos meses se debatió el tema de los plagios literarios. Luego de una larga polémica, un alto funcionario de la Universidad Nacional Autónoma de México tuvo que abandonar su cargo por haber copiado artículos. El argumento moral era claro: una institución que impide copiar a sus alumnos, no puede ser representada por alguien que comete esa falta.

Meses después el tema resurgió en otra universidad pública. El Premio FIL, que depende de la Universidad de Guadalajara, fue concedido a Alfredo Bryce Echenique, que ha plagiado al menos 16 textos periodísticos. Cerca de 60 analistas opinaron al respecto, con enorme respeto por las novelas de Bryce y sin cuestionar su conducta al margen de la escritura. Se criticó, en cambio, que su obra periodística fuera ignorada por el jurado, como si se tratara de la zona de desperdicio de un Gran Artista, y que 150.000 dólares del erario público sirvieran para exonerar plagios, mandando el mensaje a los alumnos (en especial a los de periodismo) de que copiar no es grave. El debate giró en torno a la ética del oficio y la necesidad de evitar que la cultura sea coto de la impunidad. Entre los autores que protestaron están Fernando del Paso y José Emilio Pacheco, que en modo alguno defienden intereses personales. Los organizadores respondieron de la peor manera: avergonzados del premiado, le enviaron el dinero a casa. Esto humilló a todo mundo.

Hace un par de días, Bryce declaró que los opositores al premio son unos envidiosos que quieren todos los honores para sí mismos: «Que se jodan», remató.

La discrepancia es un privilegio de la democracia. Las novelas de Bryce tienen un destino asegurado y nadie las persigue. Lo que se discute es la forma de hacer cultura en México, donde 50.000 escuelas no tienen agua corriente. Desear que el dinero se use para otros fines no es envidiar a nadie. Por toda respuesta, Bryce invita a que nos jodamos.

No te preocupes, Alfredo: jodidos estábamos desde antes.

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