Soziedad Alkohólika ha aplazado hasta el 11 de noviembre el concierto que debía ofrecer hoy en La Mirona (Salt), pero mantiene su cita de mañana en Razzmatazz (21.30 horas). El grupo de Vitoria, con 24 años de inclemente trayectoria, mostrará su nueva obra, Cadenas de odio. Hablamos con su cantante, Juan Acena.
Información publicada en la página 72 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 11 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Sienten odio, o lo denuncian?
-Nos referimos al que producen ellos con sus imposiciones, su egoísmo y su prepotencia, que vemos día a día y que impiden que la humanidad pueda vivir un poco mejor.
-¿Quiénes son «ellos»?
-Los políticos, los economistas, los que tienen el poder y el dinero. También las religiones...
-¿Soziedad es antisistema?
-Somos realistas. Nuestro discurso es contra el sistema, pero no sé si llamarlo así. Es más bien inconformista. Vemos que están intentando apagar el fuego con gasolina, dando poder a quienes hacen políticas serviles a los mercados. Hay represión y se intenta hacer callar a la gente.
-Si viviéramos en un momento de placidez y bonanza, quizá no sabrían de qué hablar en sus canciones...
-No hicimos el grupo para denunciar cosas, sino para expresarnos, y nos motiva hablar de lo que no nos gusta. No somos mesías, pero siempre hay cosas por las que pelear.
-La canción de amor no es lo suyo...
-Alguna hay, pero nos gusta el rock agresivo; ¡cafre y violento!
-Apostaron hace tiempo por un cruce de metal y punk, géneros antiguamente enfrentados. ¿Cómo llegaron a fundirlos?
-Fue natural; nunca hemos tenido prejuicios con eso. A mí me tiraba el rock radikal vasco pero también Motörhead y Slayer, y de todo eso hicimos nuestra mezcla. No hay que tener la cabeza cuadrada.
-En el 2006 fueron absueltos de la acusación de enaltecimiento del terrorismo. ¿Sigue habiendo ciudades en las que no pueden actuar?
-Sí, el PP hizo sus listas negras, a la caza del vasco, y en muchas ciudades nos es imposible tocar. Y en otras, las salas privadas reciben amenazas de grupos de extrema derecha y, por no tener problemas, no nos quieren. Hace poco nos pasó en Sevilla.
-¿Qué lugares son más hostiles?
-En Madrid es muy complicado tocar. Hace poco queríamos ir a La Riviera, pero nos dijeron que era imposible; estamos vetados, y allí no hay muchas más salas. Luego, por la zona valenciana, raramente tocamos.
-¿Y Catalunya?
-No, aquí notamos solidaridad y confraternización. Como en Galicia.
-Transcurrido el tiempo, ¿aquello les perjudicó o les ayudó porque les convirtió en héroes?
-Nos perjudicó claramente. Sí, quizá vino a vernos gente que no había ido nunca a un concierto nuestro, indignada con aquella persecución injusta, pero nos desvió de lo importante: la música. Pero eso pasa por vivir en un país con tics fascistas.