Nima Nourizadeh
Información publicada en la página 68 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 08 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Project X pretende dar la vuelta a situaciones y códigos bien establecidos de la comedia adolescente de última hornada partiendo de una situación que no es tan nueva. Prácticamente toda la acción acontece durante una fiesta desenfrenada que se celebra en una zona residencial. El grado de intensidad de la fiesta va subiendo de temperatura hasta un final apocalíptico. Pues bien, esta es también la estructura de una comedia clásica de Blake Edwards que homenajeaba al slapstick, El guateque, ambientada toda la acción en una mansión de Hollywood dinamitada por el despistado Peter Sellers. Así que lo nuevo ya no es tan nuevo y siempre hay un referente claro: la comedia muda y la comedia descerebrada del cine contemporáneo son dos extremos que acaban tocándose.
También hay cosas de Resacón en Las Vegas -no en vano el productor de Project X es Todd Phillips, director de aquella salvajada tras otra fiesta épica- y, por supuesto, de la narrativa y el punto de vista imperantes: un conocido de los protagonistas filma los preparativos y toda la fiesta con su cámara, y ese es el único punto de vista del relato, aunque, como siempre, con más de una trampa de puesta en escena.
En el campo ideológico, la película admite dudas: puede ser muy reaccionaria (el desfase de alcohol y pastillas provoca una hecatombe) pero tiene el suficiente sentido del humor para distanciarse de una mirada conservadora, aunque no sea la comedia más progresista del mundo. En todo caso, agita bastante, lo que siempre es de agradecer. QUIM CASAS