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El más importante galardón literario

El Nobel se reconcilia con China

La Academia Sueca distingue a Mo Yan, escritor crítico con el Gobierno de Pekín sin llegar a la disidencia

Viernes, 12 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ELENA HEVIA
BARCELONA

«Creo que el amor al prójimo y el odio a las injusticias deben ser plasmados con honestidad y en esa tarea nadie debe permitirse ninguna superficialidad». Así respondió el escritor chino Mo Yan a este periódico cuando en su visita a Barcelona en el 2008 se le preguntó por su compromiso político. Ahora tras hacerse pública, ayer, la concesión del Premio Nobel de Literatura 2012, ese interrogante regresa necesariamente a la palestra. Mo Yan (Shandong, 1955) ha vivido y vive en China y es, por fin, el Nobel que su país ha admitido como propio. China olvida sumarísimamente al exiliado Gao Xinjian, el primer escritor chino que obtuvo el Nobel de Literatura y cuya militante disidencia le llevó a nacionalizarse francés; pese a que su monumental novela La montaña del alma es hoy un clásico indiscutible de las letras chinas. Eso sin mencionar, claro está, al Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, que sigue encarcelado.

El narrador chinoMo Yan, en una imagen captada en julio del 2010. CHINA OUT / AFP

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Información publicada en la página 52 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 12 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

¿Hay que interpretarlo como una compensación al gigante asiático, un reconocimiento a su poder? En todo caso, y por fortuna, el veredicto de la Academia Sueca ha incidido más en las cualidades literarias de Mo Yan que en la repercusión política de su obra. Mo Yan, aseguran, «muestra con cuentos populares de un realismo alucinatorio la historia actual y contemporánea», cualidad que lo ha emparentado a García Márquez, un autor que leyó profusamente en la década de los 80. Lo cierto es que ha sido lo suficientemente hábil como para que ninguna de sus novelas, separadas de la doctrina oficial desde sus inicios como escritor en 1980, haya dejado de publicarse finalmente en su país, pese a diversas prohibiciones iniciales, sin dejar por ello de ser muy crítico con la falta de libertades. Y eso, dado que el grueso su obra trata de la convulsa historia de China a lo largo del último siglo, tiene su mérito.

Hijo de campesinos, en un hogar sin libros, Mo Yan que no completó sus estudios de primaria porque su familia le sacó de la escuela para que trabajara en el campo, creció en una de las zonas más pobres de China, que él convirtió en su Macondo particular.

El afianzamiento de su vocación como autor va paralela a la muerte de Mao y al ascenso de Deng Xiaoping que abrió las primeras brechas en la concepción monolítica del realismo socialista y los temas permitidos hasta el momento, incluidas las primeras críticas a la Revolución cultural. Paradójicamente, fue su ingreso en el Ejército Popular en 1984 lo que le permitió una independencia económica y mucho tiempo para dedicarse a la escritura. Fue entonces cuando cambió su verdadero nombre, Guan Moye, por Mo Yan, nom de plume que significa No hables, en recuerdo de la recomendación que su padre solía hacerle durante la Revolución Cultural. Pero también decidió llamarse así por su interés por «las palabras verdaderas y no por la palabrería».

A finales de los 90 abandona el Ejército, convertido ya en un autor de prestigio con varias novelas, cargadas de ambición literaria, en su haber: Sorgo rojo (El Aleph) -que convertida en película dio a conocer internacionalmente al director Zhang Yimou-,

Grandes pechos, amplias caderas y Las baladas del ajo. Y más tarde, La vida y la muerte me están desgastando y La república del vino, todas ellas, publicadas en castellano por la pequeña editorial Kailas. Ahora que el Nobel ha aumentado su cotización, las grandes editoriales se han interesado por su obra inédita en castellano (en catalán lo está en su integridad). Así, Seix Barral acaba de comprar los derechos en Fráncfort de Cambio, novela breve publicada originalmente en el 2010 que es también una suerte de autobiografía.

LA ESTRATEGIA / «No se puede criticar abiertamente al Gobierno pero sí describir las injusticias sociales y la corrupción»; ese ha sido el modus operandi del autor, que a muchos le puede parecer tibio. Mo Yan sido muy habilidoso para criticar el poder aprovechando los resquicios de la censura ,que no le teme porque no ha sido, hasta ahora, muy popular. Desde ayer, con los focos del Nobel, la situación será otra. Habrá que estar atentos a su discurso de aceptación el próximo mes de diciembre.

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