A lo largo de su carrera, Marco Bellocchio se ha dedicado a adentrarse en terrenos espinosos -la Iglesia, el terrorismo, Mussolini- para meditar sobre el compromiso social y político, la fe y la familia. Fiel a sí mismo, es exactamente lo que hace en su nueva película, presentada también ayer en el concurso de la Mostra. En Bella addormentata, el director italiano se introduce en el debate de la eutanasia a través de un trío de historias que transcurren alrededor del caso que reabrió el debate en Italia: en el 2009, Beppe Englaro decidió retirar la alimentación artificial a su hija Eluana, en coma desde hacía 17 años. El caso se convirtió en un asunto de Estado que enfrentó a los defensores de la vida a toda costa y los partidarios del derecho a una muerte digna.
Información publicada en la página 44 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 06 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
SIN LECCIONES MORALES / Pese a situarse del lado de los segundos, Bella addormentata se niega a dar lecciones morales ni proponer soluciones fáciles a un asunto tan difícil. «La película desvela, creo, mi posición al respecto, pero de una manera compleja», opinaba ayer Bellocchio. «He tratado a todos los personajes sin desprecio ni odio», añadió, y en efecto la película trata de comprender la actitud de quienes buscan en las plegarias las respuestas que la medicina no puede dar, aunque por momentos su excesiva cautela resulte en un tratamiento algo vago y superficial de conceptos como el amor y la libertad. Bellocchio, en todo caso, concluyó: «Aunque miro con respeto a quien tiene fe, no, no me he convertido».