En su memorable novela Las asombrosas aventuras de Cavalier y Clay, Michael Chabon traza un hermoso fresco histórico del Nueva York de la segunda guerra mundial poniendo el foco en unos chicos judíos deseosos de convertirse en dibujantes y guionistas de cómic. Chabon no hizo más que inspirarse en las vidas de los grandes de la historieta: Jack Kirby, Jerry Siegel, Joe Simon... Todos ya desaparecidos -con el permiso del incombustible Stan Lee- y en cuyo panteón ingresa desde el pasado domingo Joe Kubert, fallecido a los 85 años en Dover, Nueva Jersey.
Información publicada en la página 317 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 14 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Si sus compañeros de filas dedicaron sus esfuerzos a los superhéroes, Kubert, hijo de un carnicero kosher de Nueva York, se sentía a sus anchas fuera de los márgenes de la fantasía. Su personaje más emblemático, Sargento Rock, un correoso soldado de la segunda guerra mundial, cuyas aventuras iniciadas en 1959 él dibujó a partir del guión de Robert Kanigher, son un prodigio de realismo. Su editor en el mítico sello DC Comics. Mike Carlin, lo explicaba así: «Sus uniformes parecen de tela. Sus selvas parecen selvas y sus neumáticos no pueden ser otra cosa que goma dura». En cuanto a intenciones, el cómic evidenciaba una cierta visión crítica y descarnada del conflicto. De hecho, Rock nació como caracter secundario dentro de la serie Our army at war, que acabaría adoptando como protagonista al sargento. En esa misma línea de crítica no virulenta se desarrolla la otra creación bélica reseñable de Kubert, El as enemigo.
PRECOCIDAD /Autodidacta, Joe Kubert aprendió a dibujar de niño copiando las viñetas de Harold Foster y Alex Raymond (se las solía rotulaba en piernas y brazos) y con tan solo 15 años ya empezó a ganarse la vida -y a superar en ingresos a su padre-pasando a tinta y coloreando viñetas del Spirit del gran Will Eisner.
Otros personajes de Kubert fueron Tor, un sosias de Conan el Bárbaro, y el superhéroe Hawkman, de los que se encargaría en la década de los 50. A mediados de los 60 realizó Tales of Green Berets, otra serie de guerra para el diario Chicago Tribune y cuando DC Comics, entonces dirigido por él, compró los derechos de Tarzán -antaño dibujado por su amado Hal Foster-, él se reservó la adaptación.
La otra gran aportación de Kubert al mundo del cómic es el centro docente que lleva su nombre en la ciudad en la que residía, Dover, donde se han formado muchos jóvenes dibujantes, entre los que hay que destacar los propios hijos de Kubert, Andy y Adam. Algunos de los últimos trabajos del creador, Fax from Sarajevo (1996) y Yossel: 19 de abril de 1943 (2003) siguen la estela de las novelas gráficas de su amigo Eisner. En ellas demostró que además de dibujar tenía cosas que decir.