Anna Alàs (Terrassa, 1980) es una mesosoprano que, como tantos otros talentos autóctonos, está forjando su carrera fuera de España. Afincada en Berlín, después de haber iniciado estudios en la escuela municipal de su ciudad natal y en el Esmuc, aprovechó una beca Erasmus para formarse en diversos centros alemanes y conseguir premios en concursos de referencia. A partir de esta sólida base, no ha parado de crecer, tal como certificó la noche del domingo en su debut en el festival de Torroella, donde brilló junto a la prestigiosa formación Musica Florea, que dirige el violoncelista y compositor Marek Stryncl.
Información publicada en la página 316 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 21 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La solvente interpretación de la Obertura en re mayor de Telemann a cargo del grupo checo precedió a la primera aparición de la cantante. Segura y con un gran dominio de la escena, no tardó en mostrar los fundamentos técnicos que atesora con la cantata de Vivaldi Cessate, omai cessate. Su limpia y flexible línea de canto, reforzada por un cuidado fraseo, salió pronto a la luz. No tiene una voz grande, pero se desenvuelve sin problemas en las transiciones de graves a agudos. Apoyada en una luminosa expresividad transmitió, alternando recitativos y arias, el clima de amores y desamores pastoriles de la obra, rematada con una agitada y ornamental pieza alejada de los anteriores lamentos.
Un alma innamorata de Händel le permitió, además, mostrar una notable vis cómica, especialmente en la segunda aria. «Yo disfruto, río y espero / y amo a más de un corazón», dice el texto. Estupenda también la primera aria en diálogo con la concertino, pero donde más pudo exhibir su virtuosismo fue con I Phoebe, umbras pelle de Zelenka. En este fragmento de una obra del checo mostró la belleza y coordinación de sus agilidades vocales y fue tan aclamada que tuvo que ofrecer un bis con la misma aria.
EN EL LICEU / La cantante, a la que pronto veremos en el Liceu con La forza del destino, demostró ser mucho más que un valor emergente. Ella acaparó el protagonismo de un concierto que tuvo en Musica Florea un excelente contrapunto. La orquesta barroca exhibió su capacidad para recuperar obras de soberbia factura como la inspirada recreación de Melodrama de Sancto Wenceslao del mencionado Zelenca.