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Los manteles de los restaurantes cuando los camareros los despliegan y sacuden. Ver la cara de una mujer que sale de una casa que no es la suya el domingo, a primerísima hora. Los gestos rápidos de los farmacéuticos cuando envuelven un medicamento. El Italia-Brasil del Mundial del 82. El momento en que acaba el ruido del centrifugado de la lavadora. El principio de las películas porno, «cuando van vestidos y no se conocen». Estos son Momentos de inadvertida felicidad para Francesco Piccolo, el escritor y guionista de varias películas de Nanni Moretti que los recogió en un librito con este título que acaba de publicar en España Angrama. Algunos de sus retazos son microcuentos, otros flashes, imágenes grabadas en la mente. En el fondo, algo no muy distinto de lo que hacen cada día los más de 50 millones de usuarios de la red social fotográfica Instagram desde dispositivos móviles equipados con Android o el iOs de Apple. Así que, ¿por qué no recoger la idea de Piccolo y pedir a los lectores que compartan sus propios instantes de felicidad durante una verano en qué los necesitaremos más que nunca?
Información publicada en la página 326 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 28 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En esta página aparecen 14 de las primeras 300 fotografías etiquetadas con el hashtag #EPmomentosde felicidad promovido desde la web de EL PERIÓDICO, que a lo largo de este verano seguirá publicando las fotografías que se compartan en Instagram con esta etiqueta.
PARTICIPACIÓN / Ya el libro es, explica su autor, «un libro pero también una invitación: por ejemplo, la editorial también invitó a los lectores a compartir sus momentos de inadvertida felicidad», explica el escritor.
El origen del libro de Piccolo es un archivo en el que apuntaba observaciones que, según explicó en su reciente visita a Barcelona, aunque tengan dos líneas o dos páginas siempre son en el fondo pequeños relatos. Sin embargo, en este origen literario, vinculado a la faceta audiovisual de Piccolo (guionista de Caos calmo de Antonello Grimaldi, El caimán y Habemus papapam de Nanni Moretti, La orquesta de la plaza Vittorio, de Agostino Ferrente), no deja de haber una conexión visual. «La idea del patchwork es la idea de este libro y también del mosaico de Instagram. En ambos casos subyace el concepto del fragmento, que es fuertemente contemporáneo». Y al fin y al cabo, reconoce, la literatura que más le gusta «es la que tiene la fuerza de hacerte ver imágenes». Aunque, matiza, hay imágenes que puede evocar la literatura, el lenguaje escrito, pero no recrear el cine.
TIEMPOS DE CRISIS / Y hablando de contemporaneidad: ¿qué sentido tiene hablar de los pequeños placeres en pleno desastre económico compartido por España e Italia? «Bien, incluso durante la Gran Depresión de 1929, los libros hablaban de felicidad en tiempos de crisis», responde. Además, advierte, la felicidad inadvertida de sus prosas a veces es «perversa», cínica, irónica y escéptica, nada bondadosa. «Por ejemplo, la felicidad de llegar al último momento al tren, encontrar que alguien está sentado en tu asiento y hacer que se levante». En algunos momentos, la maldad se dirige incluso hacia uno mismo. Una felicidad mortificante. En otras, confiesa que le gustan cosas que no le deberían gustar. Una felicidad culpable.
Aunque entre sus colaboraciones con Moretti no se cuenta Caro diario, su libro también comparte ese espíritu de callejear por Roma. Una ciudad a la que ama. «Básicamente porque no soy romano», bromea. Nacido más al sur, en Caserta, dice disfrutar de la doble condición de quien vive en Roma pero la ve «como un mundo extraño», a la vez «internacional y provinciano». Aunque quizá no tan extraño: una de las piezas de su libro relata como si fuese una costumbre típicamente romana recibir botellas de vino de los invitados que no se llegan a abrir y volverlas a utilizar cuando llega el momento de ir a casa de un amigo. «Veo que esto también puede suceder en Barcelona», comenta, al lado de su editor, Jorge Herralde, en el Instituto Italiano di Cultura de Barcelona. «Resulta que las cosas que me pasaban se parecían mucho a las que le sucedían a los otros».