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DEBUT NOVELÍSTICO CON 'EL INSÓLITO PEREGRINAJE DE HAROLD FRY'

Mil kilómetros a pie a través de Inglaterra

Rachel Joyce seduce con el singular viaje de un anciano

Viernes, 28 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ANNA ABELLA
BROWNSHIL

un día Rachel Joyce, exactriz de teatro y TV en Gran Bretaña y autora de más de 20 obras dramáticas para la radio de la BBC, decidió dejar Londres y se trasladó con su marido y sus cuatro hijos a una granja cercana a Brownshill, en la campiña inglesa. Allí, rodeada de gatos, perros, ocas, caballos y gallinas (en su puerta, un sencillo cartel anuncia que vende huevos) ha visto cómo su debut novelístico, El insólito peregrinaje de Harold Fry (Salamandra / La Magrana), empezaba, a la par que su entrañable protagonista cruzaba Inglaterra de sur a norte, una andadura entre los más vendidos (90.000 ejemplares desde marzo y traducción a 24 países).

Joyce, con uno de sus perros y una gallina, en el exterior de su casa. ANNA ABELLA

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Información publicada en la página 74 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 28 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

El jubilado Harold Fry, con cazadora, corbata y sus inseparables mocasines náuticos, sale un día de casa para tirar una carta al buzón y, como quien va a buscar tabaco, acaba recorriendo 1.000 kilómetros a pie en 87 días. ¿Por qué? Para llevar esa misiva en mano a una antigua colega de trabajo moribunda de cáncer con la que se siente en deuda. Por el camino, Harold va topando con variopintos personajes y, «además de un viaje físico hacia adelante, hace un viaje emocional hacia el pasado, hacia el foco de su dolor. Necesita andar para arreglar cuentas con ese pasado», explica Joyce mientras por la ventana de su casa, donde recibe a un grupo de periodistas, se cuela el canto de un gallo.

La novela está muy lejos de caer en lo melodramático, lo religioso o en argumentos de que la fe puede obrar milagros. «Nunca se me ocurriría meter mensajes o verdades. Quería que el lector entendiera que aunque Harold no salvara a su amiga podía lograr muchas otras cosas con su peregrinaje», avisa la autora.

MUERTE DEL PADRE / Hay cosas en la novela que recuerdan a Forrest Gump, al best-seller del sueco Jonas Jonasson El abuelo que saltó por la ventana y se largó y a la película de David Lynch Una historia verdadera, donde un anciano recorre 500 kilómetros sobre un cortacésped para ver al hermano que ha sufrido un infarto y al que hace 10 años que no ve. «Me alegro de no haber visto ese filme ni sabido nada de él antes de ponerme a escribir

-apunta Joyce-. En realidad empecé el libro por razones personales, porque mi padre se estaba muriendo. Era mi forma de escapar de esa situación, estaba triste y enfadada. Primero hice una obra de teatro para la radio y durante el tiempo en que la convertí en novela pensé mucho en la muerte. Tuvo algo de terapia. Para mí, la escritura es una vía de escape, me permite hallar sentido a las cosas que no entiendo. Es mi manera de comprender el mundo».

Otra forma para entenderlo puede ser, como hace Harold, andar. «Cuando caminamos, reflexionamos, pensamos, recordamos el pasado. Pero también experimentamos el camino porque además de abrirte a lo que está dentro de ti, te abres a lo que te rodea. Normalmente nos concentramos en llegar, en la meta, pero creo que, como en la vida, es más importante el camino que la meta. Acostumbrados a lo fácil que es coger el coche, el tren... andar nos recuerda las dificultades del viaje».

Como las llagas en los pies de Harold, mal calzados con sus castigados náuticos. Es inevitable pensar en ellos viendo, en la entrada de la casa de Joyce, los zapatos de toda la familia, aparcados para no sembrar el suelo de hierba y tierra. Aunque ella insiste en que no nos los quitemos, una se apresura a emularla cuando ve los pies descalzos de la autora sobre una nívea alfombra.

Los pensamientos de Harold tienen mucho que ver con la incomunicación y el distanciamiento de su esposa e hijo, hasta el punto de plantear con solidez el tema del fracaso matrimonial. «Él y su mujer deben aprender a expresar lo que sienten y a decir lo que necesitan decirse. A veces es mucho más difícil decirle algo a alguien querido que a un desconocido. Por eso la gente con la que se cruza se sincera con él y él conecta con ellos y los comprende».

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