Polémico y paradójico. Desmesurado intelectual -sin duda, el primero de la modernidad española- y, quizá por ello, figura distante para el imaginario popular. Porque Miguel de Unamuno, seco y adusto, tanto en su vida como en sus escritos, no es, dicho rápido y pronto, una figura simpática. Hoy queda, para los que lo tuvieron como lectura obligatoria en el instituto, como el autor de aquella triste novelita, San Manuel Bueno, mártir, sobre un sacerdote que pierde la fe, que años más tarde regresó como personaje gracias a Rafael Azcona en la película Belle Epoque. Cuando se han conmemorado a finales del 2011 los 75 años de su muerte, y a la espera de los 150 de su nacimiento, que se cumplirán en el 2014, el también bilbaíno Jon Juaristi acaba de publicar Miguel de Unamuno (Taurus), una biografía fuertemente inscrita en el contexto histórico, algo fundamental para comprenderlo en profundidad porque él siempre vinculó su destino personal e intelectual al de su país.
Miguel de Unamuno, con estudiada pose, lee tendido en la cama, en su domicilio de la calle de Bordadores, en Salamanca. ARCHIVO CÁNDIDO ANSEDE
Información publicada en la página 62 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 24 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Él solo cubre todo el ciclo de la primera España democrática hasta la guerra civil, con todas sus contradicciones y su conflictiva relación con su propio universo histórico. Fue un liberal, eso es lo que mejor le define, radical en muchos de sus planteamientos, cercano al republicanismo, incluso fue socialista en muchos momentos a fuer de liberal. Pero es verdad que suscitaba la polémica allí donde iba», explica un identificado Juaristi.
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