Miguel Bosé lleva más de media vida queriendo ser modernísimo y encontrándose luego con unas gradas que le reclaman Linda y Bandido (por suerte, nadie pide Vota Juan 26, aunque podría causar estragos). Y con el corazón dividido, da una de cal y otra de arena; un disco de riesgo, o más o menos, y a continuación, otro fácil. Así que, tras el atrevido Cardio (2010), es la hora de una nueva remesa de éxitos precocinados y dúos mediáticos con Papitwo, la segunda parte de aquel prodigio comercial conocido como Papito.
Información publicada en la página 324 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 10 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Por lo visto en Cap Roig, en la tercera parada de la gira (que comenzó el 2 de agosto en Marbella), Bosé no podría haberlo puesto más fácil esta vez para que a los promotores les cuadren los números. Un show elegante, vistoso y tecnológico, con una pantalla de 60 metros cuadrados dominando un escenario casi desnudo. Los músicos, retirados a los laterales, y tres operarios de confianza siguiendo sus pasos, coros y danzas. Llenando ese contenedor, cubierto a veces por una tela que le daba perfiles fantasmagóricos, una nueva versión de los éxitos de Miguel Bosé sin escatimar esas partituras que tanto juego han dado a jukeboxes y karaokes a lo largo de las últimas décadas. Dos horas y cuarto de actuación y 24 canciones.
Una de las más estimables (y menos populares) fue Mirarte, rescate del disco Sereno, elegida para abrir el show. Es ese Bosé que conjuga electrónica fashion y melodrama a lomos de un estribillo sugerente. Luego vino un viaje a mediados de los 80, años de reinvención forzosa, con Duende y Nena, y un guiño a la era adulta con Sol forastero. Con el tiempo, Miguel Bosé ha sofisticado su discurso en general, pero no su oratoria: anunció una noche «con sorpresas» y «magia», lo cual sonaba a funesto presagio.
Si el reto era tratar de construir un greatest hits sin repetirse demasiado con el repertorio del Papitour (2007-09), Bosé no pudo lograrlo, ya que los éxitos son los que son, y el madrileño no quiso prescindir de casi ninguno de ellos. Aun así, no sonaron ni Los chicos no lloran ni Super Superman, pero sí piezas de los 80 como Aire soy y creaciones más modernas como Olvídame tú y una única cita a Cardio con Estuve a punto de...
ROMANTICISMO 'HARDCORE' / En el corazón del concierto hubo una sección semi-acústica, de sofá y músicos en corro, un poco más larga de lo aconsejable, que apuntó hacia un repertorio remoto: un medley de Te diré y Morir de amor, seguido por la siempre asombrosa Don Diablo, y tres tiernos guiños a los viejísimos tiempos con Creo en ti, Amiga y Linda.
Sentimentalismo hardcore en canciones quizá portadoras de bellos recuerdos para cada asistente, pero que, por mucha pantalla de vídeo supermoderna que las envuelva, no dejan de ser vestigios de un pop baladístico para fans de los años 70 que hizo a la música un servicio tan trascendental como las historietas de la revista Lily al mundo del cómic. El show transcurría por peligrosos puertos de montaña cuando sonó Sevilla, la joya de la corona (pese a sus puntos de anclaje en Ashes to ashes, de David Bowie). Luego, otro golpe bajo, Te amaré, el momento petergabrielsco de Nada particular y generosas tandas de bises con paradas en Morena mía, Como un lobo, Si tú no vuelves y, como remates, Bambú y un estiradísimo y electrónico Amante bandido. El Papitwo es un Papitour listillo y reincidente. El 27 de septiembre fondeará en el Palau Sant Jordi.