A veces estás en un concierto de un grupo estadounidense y piensas: ¿cómo habrán asimilado tan bien todo lo que la música pide y significa? La biografía del trío Megafaun aporta pistas irrefutables. En su adolescencia, los hermanos Phil y Brad Cook acudieron varios veranos a unos campamentos de jazz. Como lo leen. «Era un intensivo de una semana en el que aprendías lo mismo que en un semestre. Estudiábamos teoría e historia del jazz y hacíamos prácticas de combo y de big band», recuerda, entusiasmado, el teclista Phil Cook.
Información publicada en la página 48 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 21 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Megafaun no es un combo de jazz, pero su forma de abordar el folk y la tradición musical estadounidense quedó marcada por aquella experiencia con el jazz en un entorno rural. Y así lo harán notar en su actuación de hoy (21.00 horas) dentro del ciclo Caprichos de Apolo. «En el jazz, un elemento esencial es que los músicos se miren entre sí y se comuniquen siempre», recuerda Cook, para explicar la muy gratificante experiencia que supuso verlos en directo por primera vez en marzo de 2011 en La 2, la misma sala que los acoge hoy.
Entonces el trío afincado en Carolina del Norte presentaba Gather, form & fly (2009). «En esa época queríamos llevar más allá la idea de actuar ante un público. Ahora nos centramos más en otros aspectos», explica Phil. Lo que significa que quizá no bajen tanto del escenario para cantar entre el público y hacerlo partícipe de su exorcismo folk; que era algo así como sacar a The Band de la tumba con un sintetizador, una pandereta y una ouija
GIROS IMPREVISTOS / Megafaun (2012) ya ofrece un repertorio más concreto. No salta tanto del subsuelo al hiperespacio. Es un disco más de canciones, lo cual puede parecer una contradicción en un trío de corte experimental. «En un grupo a veces surgen giros imprevistos y hay que estar abierto a ellos y aceptarlos. Para nosotros hacer canciones con una forma más concreta es un gran cambio», reconoce Cook. «Ya sabemos que crear texturas o sugerir sensaciones es nuestra habilidad, pero tras la última gira el cuerpo nos pedía esto. Y tampoco nos vemos como un grupo experimental. Un día descubres que una canción de Hank Williams te pone la piel de gallina tanto o más que una de Charlie Allen y no te lo puedes explicar».
La amplitud de miras de los hermanos Cook y Joe Westerlund proviene, una vez más, de aquellos campamentos. «Mi país no tiene una tradición cultural tan rica como Europa, pero tenemos la música. Y no creo que la gente llegue a darse cuenta de la gran deuda que tenemos todos con la música de mi país. El jazz es la Capilla Sixtina estadounidense, pero en esos campamentos nos enseñaron a amarla toda», reivindica el teclista. Pero que su padre fuese tan fan de Grateful Dead como para verlos en directo 16 veces, también debió influir: «Aquel fue otro grupo al que le gustaba explorar la música en múltiples direcciones», admite.