Uno de los 81 maestros que forman la orquesta del coliseo barcelonés, Matthias Weinmann (Heidelberg, 1962), participa en el documental 'En el foso', del cineasta Ricardo Íscar, que bucea en la vida más íntima de los músicos. Se estrena este viernes.
¡Vaya altura me gasta!
-Jugaba a básquet en la escuela, pero tuve que dejarlo porque temía lastimarme los dedos.
¿El chelo lo escogió a usted?
-Pocas veces es el instrumento quien elige. El niño quiere probarlo todo; en mi caso, al menos, fue así. Mis hermanas tocaban el violín, mi padre, la viola y yo quise tocar el violonchelo para formar un cuarteto de cuerda, aunque nunca lo hicimos.
¿Cuál es su rutina diaria?
-Seis días a la semana tenemos ensayo o bien función; a veces, las dos cosas. Si tenemos función por la noche, hasta el próximo ensayo han de transcurrir al menos 12 horas.
¿Y a solas, ¿también practica?
-Solo ensayo lo que me parece oportuno perfeccionar, pero también otras cosas personales. Canto en el coro de la Parroquia Evangélica Alemana, y ahora estoy estudiando las cantatas de Bach.
¿Cuánto puede estar sin tocar?
-El pianista Arthur Rubinstein decía: "Si no ensayo un día, solo lo noto yo; si son dos, lo nota mi perro. Y a los tres, ya lo percibe mi público". Se trata de una frase, pero es un poco así. Tocar ya es un hábito.
¿Tiene el don del oído absoluto. ¿Puede explicar en qué consiste?
-Usted tocaría una nota en el piano y yo solo escuchándola, sin ver la partitura, podría identificarla.
¿Y eso es una virtud o una cruz?
-Puede ser una virtud, pero¿ A ver, como me interesa mucho el tejido armónico, la evolución de las tonalidades, percibo enseguida si se produce un problema con la afinación o con notas falsas. También me molestan mucho los ruidos.
¿En la orquesta del Liceu conviven muchas nacionalidades. ¿Le confiere eso una naturaleza especial?
-Cada uno tiene su personalidad y todos son muy buenos músicos. El propósito es no perder la personalidad pero tocar juntos.
¿Forman ustedes un todo?
-A veces se dan momentos sublimes. Sucedió el 22 de abril, durante el concierto 'L'ànima del Liceu', mientras tocábamos la obertura de 'El murciélago', dirigidos por Michael Boder. Tuvimos un momento de gracia, aun cuando es muy difícil en esa pieza si no eres un músico austriaco.
¿Ha vivido la espantada de algún artista antes de salir a escena?
-En la película El foso sale un momento de esos¿ Pero no quiero adelantar nada.
¿El gran terror de un músico?
-El gran miedo es encontrarte un día con una partitura que nunca has leído y tener que interpretarla en ese mismo momento. Una vez soñé algo parecido, que estaba tocando a Chaikovski, el solo hacia al final de 'El lago de los cisnes', y no me había estudiado la partitura. ¡Fue una pesadilla terrible!
¿Su pieza favorita para violonchelo? Solo una; haga un esfuerzo.
-La tercera suite de Bach.
¿Cómo capean el temporal?
-Nos han recortado el 5% del sueldo¿ Y para salvar esta temporada, para poder estrenar la ópera 'Pelléas et Mélisande', los trabajadores hemos renunciado a la paga de verano y a un poco más. Eso permitió que la empresa retirara el ERE temporal que había presentado. Nosotros no queríamos estar sin trabajar y, aparte, el público tampoco quería que se acortara la temporada.
¿En tiempos feos, ¿el arte ayuda?
-Lo que ayuda sobre todo es el fútbol. Lo que decían los romanos: el circo y que se mantenga el precio del pan. El fútbol es un paliativo porque las personas se identifican con su equipo. En cierto sentido, el arte también puede ayudarte a superar una situación difícil con algo sublime, con algo que evite que pienses en los problemas cotidianos.
¿El don que le encantaría poseer?
-El de la elocuencia. A veces no sé expresar exactamente mis ideas.
¿He sabido que lleva usted mucho tiempo ayudando a los más pobres.
-Todos los jueves me acerco hasta el mercado de la Boqueria, compro fruta y preparo yo mismo una macedonia para un comedor popular.
¿Macedonia?
-Los sin techo necesitan mucha, mucha vitamina C.