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El autor de 'El pont dels jueus' publica 'El primer heroi'

Martí Gironell: "El neolítico es una época desconocida y apasionante"

ERNEST ALÓS / Barcelona

Miércoles, 5 de marzo del 2014

Martí Gironell en el poblado neolítico de La Draga, en Banyoles, donde se desarrolla buena parte de 'El primer heroi'.

La quinta novela de Martí Gironell llega hoy a las librerías con Sant Jordi como objetivo (la cuenta atrás ya marca -49 días). 'El primer heroi' (también en castellano, 'El primer héroe') es uno de las grandes apuestas de Ediciones B, que acaba de incorporar a su catálogo al autor de 'El pont dels jueus' y 'L'arqueòleg'. En esta ocasión viaja aún más lejos, con la intención de mostrar cómo vivían nuestros antepasados, hace unos 7.000 años, en el poblado lacustre de La Draga (Banyoles) y en otros muchos lugares de Europa y Oriente Próximo a los que viaja Ynatsé, el héroe del título, en búsqueda de un remedio para los males de su clan. Por el camino encuentra cortadores de cabezas, cazadores de cachalotes, mineros de Gavà y coleccionistas de calaveras, algunas ciudades embrionarias y salvajes aún con un pie en las cuevas.

-¿De dónde sale la idea de esta novela, y desde cuándo trabaja en ella?

-Era una cosa que llevaba en mente desde el 2006, antes incluso de publicar El pont dels jueus. Aún no habían encontrado tantos elementos que permitieran reconstruir la vida cotidiana de la época, pero ya empecé a tener contactos con el codirector del yacimiento, Antoni Palomo, con el antropólogo Eudald Carbonell, con Raquel Piqué... Les explicaba cuáles eran las bases de la historia que quería explicar para que me pudiesen aportar la pátina histórica y el rigor científico. Tuve el proyecto cociendo a fuego lento mientras en estos siete años publicaba cuatro libros y se iban haciendo nuevos descubrimientos sobre este periodo.

-Es un libro muy diferente a los que iba publicando mientras tanto.

-Pero también estaban situados cada uno de ellos en épocas muy diferentes. El pont dels jueus en los siglos XI-XII, La venjança del bandoler en el siglo XIX, L'arqueòleg en 1906-1913 y L'últim abat en el siglo XVI. Es cierto que es dar un salto llegar a la prehistoria, que es un territorio que literariamente no se ha explotado mucho aquí, y con pocos referentes más allá de Jean Marie Auel. A mí me interesa además el neolítico porque es una época muy cercana a nosotros pero muy oscura. Y en tanto que desconocida es apasionante. En ella vemos cómo se establecen las bases de las primeras sociedades que darán pie a las nuestras. Reflejarlas a través de una novela con dos tramas, una más constreñida en el poblado del Estany de Banyoles y otra que te permite ir repasando algunos asentamientos neolíticos de los que se ha tenido conocimiento desde Europa al Oriente Próximo, y con un relato a caballo entre la literatura, la arqueología y la antropología, me interesaba mucho. Y para eso fui a buscar a la gente que más conoce el tema.

-¿Cuáles fueron los principales consejos que le dieron?

-Consejos pocos, lo que me dieron fue muchas herramientas, mucha información, mucha documentación, nuevas referencias que consultar... Cualquier duda que tenía se la trasladaba, cualquier cosa que podía resultar extraña... Eudald me decía que trabajase más en la ficción para no caer en la divulgación, que de eso ya se encargan ellos. Que le hacía ilusión que hubiese podido hacer una novela basada en hechos que han podido empíricamente contrastar sin hacer un tratado de prehistoria.

-De todas formas, sí hay mucho componente didáctico. Continuamente está explicando técnicas de construcción, caza, alimentación, cultivo... Supongo que es algo que les gusta a sus lectores.

-Son detalles que te permiten entrar en la cotidianeidad, en el día a día. Llegar a cómo se organizaba una sociedad de aquella época y entender que no hay tantos cambios, que no somos tan diferentes, que solo nos separa la tecnología. Todo eso tiene un punto didáctico, sí.

-Hace que sus personajes razonen y hablen igual que nosotros, no tanto intentar reconstruir para ellos un pensamiento mágico. El brujo, y la mujer de Ynatsé, podrían ser incluso los primeros científicos, o los primeros filósofos racionalistas.

-Yo podía tener mis dudas, pero quienes me han asesorado creen que en esa época ya se empieza a dudar de los poderes animistas, que los rituales siguen pero el hombre empieza a ser el centro de su universo, empieza a razonar sobre el más allá, sobre cómo defenderse por sí mismo. Algo que nos parece una forma de pensar muy actual pero seguro que ya lo hacían. Observaban el entorno para sacar provecho de él, aprendían a curar, las mujeres pasaron a tener un mayor papel... Este razonamiento ya se empezaba a desarrollar. Explicar todo esto me anima, desgranar cuál debería ser su pensamiento a través de sus vestigios. Cómo están replanteando su relación con el entorno, con la divinidad, y cómo ven que su futuro pasa por ellos y por sus propias manos. Aunque no deje de ser una aventura lo que explico.

-Es un maratoniano de las presentaciones y charlas en bibliotecas y librerías. ¿Este tipo de contacto con el lector qué le ofrece?

-Mejor que el autor, nadie, para explicar el libro a la gente. A mí me da la posibilidad de llegar directamente a la persona para quien he escrito el libro. Que te digan qué les ha parecido y qué no el libro, que te critiquen, va haciendo poso, te nutren con sus opiniones y eso te permite mejorar tu oficio. Asumes la crítica o la rebates. No puedes ir de sobrado.

-Eso le pone en mejor posición que otros escritores para saber qué les gusta de sus libros y qué no a sus lectores.

-Es una cosa que he cultivado desde el primer libro, ir a explicar mi libro como un vendedor puerta a puerta. En esta novela hay cosas que te inventas y otras que tienen bases científicas rigurosas, y tengo ganas de explicarlo. Como siempre, haré un Sant Jordi de bolsillo cada semana, tres o cuatro presentaciones cada semana hasta llegar al 23 de abril. Y, cuando pase, continuar. En cuanto a mis lectores: yo escribo para todos los públicos, y eso quiere decir tanto un chico de 14 años cuyo profesor ha incluido el libro en su temario como a alguien entendido en paleontología.

-Debe de haber sido difícil definir cómo tenían que hablar sus banyolenses prehistóricos.

-Quiero que me entienda un lector del siglo XXI. Soy contrario a utilizar un lenguaje de época, o gruñidos en este caso. Escribo en un catalán actual, llano y procuro que sin muchos neologismos. En resumen, lo que quiero es que el lector tenga instrumentos para que se pueda sentir dentro de la novela.

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