Después de 10 años y cuatro discos, Marlango debuta en castellano. «¿Y por qué no?», se pregunta la carismática cantante y actriz Leonor Watling. «Nos apetecía mucho. Era un reto. Lo bonito es que este quinto disco diera un poco de miedo; no saber muy bien por dónde encararlo. Y llevábamos ya desde la primera gira haciendo versiones en español: El último habitante del planeta, de Nacho Mastretta, Vete, de los Amaya, Semilla negra, de Radio Futura... con Jorge Drexler, Miguel Bosé, Fito Páez... Ya teníamos el oído hecho», añade la artista. Mañana compartirá Un día extraordinario con sus seguidores, en el Palau de la Música invitada por el Festival de Guitarra.
Información publicada en la página 54 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 10 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Precisamente fue Fito Páez, a raíz de su colaboración en la pieza Pétalo de sal, quien animó a la banda madrileña a dar este giro lingüístico. «Nos dio pistas y mucha información. Y nos dimos cuenta meses después de cenar en su casa de Buenos Aires que, teniendo las dos posibilidades y conviviendo en igualdad de condiciones el inglés y el castellano, era mucho más interesante para no caer en lugares comunes o en rutinas a la hora de componer cambiar algo tan definitivo como es el idioma. Y ganó el castellano de manera natural -explica el pianista y compositor Alejandro Pelayo-. Aunque en el futuro no sabemos qué va a pasar».
Pero Fito Páez, y su Pétalo de sal, son culpables aún de más cosas: cantando esta canción, Watling se atrevió por primera vez a jugar con la voz, y se lanzó a entonar unos falsetes que ahora repite en el delicado sencillo Dame la razón o en la canción que cierra el álbum, Bailando sin querer llegar. «El tono también es un ingrediente más que se suma a la composición, porque componemos desde la improvisación. Alejandro siempre me empuja, porque yo estoy muy cómoda en los medios y los graves, pero allí arriba¿ Aunque cuanto más rango, más dibujos puedes hacer», constata, feliz.
Los dos aseguran sentirse «muy contentos» con este nuevo disco. «Tal y como se muestra claramente en nuestra actitud física: esto es euforia», suelta, irónico, Pelayo con un porte de lo más sereno. «Otro tipo de euforia es posible», le responde Watling, entre risas. «Estamos ilusionados ante la perspectiva de ver qué pasa con estas canciones, porque tenemos sospechas de que va a ser muy divertido tocarlas con gente, porque ya lo ha sido tocarlas nosotros seis, así que con que haya seis más... va a estar muy bien», remata el pianista.
Watling dice que aboga «por la alegría», y que no está dispuesta a que ni siquiera la crisis se la secuestre. «No creo en la obligatoriedad de nada. Y cuando me siento presionada para sentir miedo, pavor, angustia..., mi instinto de supervivencia tira hacia el otro lado. Sí, todo esta muy mal, pero hay ciertas cosas que dependen de mí, y no de Merkel, ni de la prima de riesgo, y que son maravillosas. Poder tocar una noche, tomar una cerveza con un amigo, estar en el parque con mis hijos..., son experiencias extraordinarias. Hay que intentar que el lodo no lo invada todo», suspira.
A partir de ahora, el grupo responsable de canciones como Enjoy the ride y The answer se ve obligado a hilvanar un repertorio bilingüe. Y adelantan que el guión de sus recitales será «cronológico». «Aunque lo que pase mañana en el Palau será lo que tenga que ser, lo que surja con los que estemos allí. Lo que decidamos estará bien. Eso es lo que marca la diferencia entre un concierto y otro: que sea realmente único», remarca Pelayo.
En este compacto, el grupo se ha alejado de los toques electrónicos para acercarse más al jazz. Un día extraordinario incluye también sonidos cabareteros, sonidos para silbar, para acunar y protegerse, como decía la vocalista, de la que está cayendo fuera. «En este trabajo hay muchas músicas, sí. Y lo hacemos porque son sonoridades que nos gustan y porque nuestras canciones se comportan mejor así -admite Pelayo-. Y lo mismo pasa con el tipo de arreglos que nos gustan... Es difícil de explicar y a la vez muy sencillo, porque no dejan de ser estructuras de una canción pop».
El instrumentista reconoce que hay «menos cosas de electrónica, eso sí que es evidente. Esta grabado en directo, hemos estado tocando todos juntos -sigue relatando-, y tiene una parte mucho más acústica. Y es más cercano a ese primer disco que editamos [bautizado Marlango], que también grabamos en directo».
Watling, autora de las letras, ha creado estrofas del tipo: «Dame puertas abiertas / camas desechas / pasos perdidos / silencio en la piel» (Dame la razón). ¿Se ha sentido cómoda componiendo en castellano? «Si, de lo contrario no lo hubiera hecho. Aunque es mucho más duro escribir en castellano: la sintaxis es más difícil. Pero como opina Alejandro, cuando por fin conquistas una montaña en castellano, buff, ¡qué sensación! -exclama-. Tiene mucho más que ver con un cincel, con una piedra y picar. El inglés, en cambio, es mucho más elástico, con tantos monosílabos. Pero el castellano es así: una esdrújula es una esdrújula, y no hay con qué darle. Se pronuncia adoquín, y no ádoquin».
¿El día más extraordinario de Marlango? «Cuando tocamos en el Liceu -responde sin titubeos Pelayo-. O pasar el domingo con tus hijos, no todo pasa por un acontecimiento», puntualiza. «Lo más sugerente del título es que cada uno defienda lo que es extraordinario para él».