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ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE. DAVID LYNCH (3)

Enero de 1981. El autor acababa de llegar a Los Ángeles todavía noqueado por el reciente asesinato de John Lennon, cuando le llegó una propuesta que le hizo levantar el ánimo. David Lynch estaba a punto de estrenar 'El hombre elefante', y había que entrevistarlo.

Mi marciano favorito

Miércoles, 1 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
por RAMÓN DE ESPAÑA

Corrían los primeros días de 1981 y yo acababa de llegar a Los Ángeles para incrustarme un par de meses en el apartamento que mi amigo de la prensa underground J.M. Martí Font compartía con su mujer de entonces, la adorable y siempre impredecible Diana D. Venía de Nueva York, donde un demente se acababa de cargar a John Lennon para demostrar que, como dirían los americanos, my timing sucks. Sentados frente a un costroso televisor en blanco y negro, Martí, Diana y yo asistíamos al luto internacional por el pobre Lennon mientras poníamos cara de fin de ciclo. En el apartamento sonaba constantemente su último disco, Double fantasy, gracias al cual descubrí, con cierto retraso, que Yoko Ono tenía talento (¡más vale tarde que nunca!).

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Información publicada en la página 306 de la sección de Opinión Verano de la edición impresa del día 01 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Ese ambiente fúnebre se rompió el día en que Martí me dijo algo parecido a: «Alegra esa cara, hombre, que nos vamos a entrevistar a David Lynch para El País». Fue así como pudimos cambiar de tema y hablar de Eraserhead -él la había visto en Los Angeles y yo, dos veces, en Nueva York-, la ópera prima del señor Lynch y una de las propuestas cinematográficas más fascinantemente marcianas de todos los tiempos. David Lynch estaba promocionando su segundo trabajo, El hombre elefante, que también nos había gustado mucho, aunque la considerábamos un intento de nuestro marciano favorito por integrarse en la industria de Hollywood, cosa que, como ya hemos podido comprobar todos a estas alturas, no ha logrado jamás (¿hay algo más parecido a un suicidio comercial que Inland Empire?).

El encuentro tuvo lugar en los estudios Zoetrope de Francis Ford Coppola, que estaba a punto de darse la bofetada de su vida con Corazonada, que solo nos gustó a los cuatro excéntricos de costumbre. El bueno de Francis se había quedado los vetustos Hollywood Center Studios, fundados en 1919, que se alzaban en pleno corazón de Los Ángeles (si es que Los Ángeles tiene corazón, cosa que dudo), en el 1040 de la avenida Las Palmas, entre Melrose y el bulevar Santa Mónica. Allí rodó su primera película Shirley Temple. Allí se han rodado infinidad de series televisivas, desde El show de Lucille Ball a True blood pasando por las aventuras del caballo parlante Mr. Ed. Allí pretendía el quijotesco Francis imponer su visión artística a los tiburones de Hollywood, aunque acabó saliendo por piernas en 1982 tras la ruina de Corazonada.

Traje negro, camisa blanca

Llegamos al despacho que ocupaba David Lynch tras atravesar unos platós a medio montar y unas cuantas puertas cerradas con el nombre de las lumbreras que pronto ocuparían el interior: Michelangelo Antonioni, Wim Wenders, Werner Herzog... Al final no apareció nadie a ocupar esos despachos, exceptuando a Wenders, que salió del suyo echando chispas tras rodar Hammet. David Lynch iba vestido de David Lynch: traje negro y camisa blanca abotonada hasta el cuello. Más la voz aflautada que le caracteriza y con la que se empeña en cantar. Era un tipo muy agradable y, además, lo tenía muy fácil con los dos fans barceloneses que le habían caído encima. Eso sí, a afectos promocionales, no le servimos de mucho, pues pasamos bastante de El hombre elefante para centrarnos en Eraserhead.

El merito de la película, vino a decirnos, pertenecía a la ciudad de Filadelfia, donde había pasado unos años terroríficos, marcados por un incremento exponencial de la pobreza, el robo, el crimen y la drogadicción. «Tuve que crear mi propia pesadilla para escapar de aquella en la que vivía», comentó, «nunca he pasado tanto miedo en ningún otro lugar del mundo». Como pesadilla complementaria, le costó Dios y ayuda encontrar financiación. Tuvo que interrumpir el rodaje varias veces, rodar a ratos, retrasar los pagos, quedar mal con el equipo...

Pero ya estaba dentro. Ya era un director de Hollywood. Y pronto rodaría algo con Francis Coppola de productor. O eso creíamos entonces. Ahora les vemos a ambos como gloriosos marginales, artistas maltratados por una industria que encumbra a Christopher Nolan. Apocalipsis ya.

Y MAÑANA: 4. La cantante y productora musical Gloria Estefan.

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