El Periódico

D?o Din?mico 2015

Apunte

A la mañana siguiente de los Goya

JOSEP MARIA POU

Sábado, 23 de febrero del 2013

El corazón me dice que tengo que escribir sobre lo ocurrido en la noche de los Goya, pero la mente se niega. Por una vez le hago caso al cerebro y me digo que no, que no voy a escribir. Y hago bien. Porque en la noche de los Goya no ocurrió nada que no sea normal en un país democrático. Personas adultas y responsables expresaron libremente su opinión acerca de temas que les preocupaban. Y punto. ¿Quién dice que no podían hacerlo? Estaban en su derecho, hablaban a título personal y daban la cara. Otra cosa es que a cierta gente no les gustara lo que dijeron. Ese es su problema. Me digo, pues, a mi mismo, que no, que en la noche de los Goya no ocurrió nada anormal. Y no escribo sobre ello.

Otra cosa es lo que ha ocurrido después de la noche de los Goya. A la mañana siguiente. Y en los días siguientes.

De eso sí quiero escribir. Porque eso sí que no es normal. ¿A qué tanto odio, tanta inquina, tanta rabia, tanto desprecio? ¿A qué tanta calumnia? ¿Por qué nos atacan de esa manera? ¿Qué les hemos hecho para ser el blanco de tanta artillería? ¿De qué tienen miedo?

Me niego a señalar. A escribir nombres. Ni de personas, ni de grupos, ni de medios, ni de colectivos. Me niego a pronunciarlos, siquiera. Ni en voz baja. Ni para mis adentros. Me niego. Todos sabemos de quién hablo. Gritan más que nadie, se desgañitan, se les llena la boca de espumarajos y se les dispara el dedo que acusa y señala, un dedo que si por ellos fuera iría directo al gatillo. Si por ellos fuera, le darían la vuelta al tiempo. Para volver a lo de antes. A aquellos días en que a los cómicos no se les podía enterrar en sagrado, ni se les permitía sentarse a la mesa con los señores, ni moverse libremente por las ciudades, ni comer pan blanco.

Si por ellos fuera tapiarían puertas y ventanas para que no llegaran, no ya las voces, sino ni siquiera el eco, de los comediantes que cantan libremente las verdades del barquero. Si por ellos fuera.

La semana me ha pillado ensayando una función de David Hare que parece escrita para la ocasión. Hago mías las palabras de su protagonista: «Esto solo pasa en este país, solo pasa en este puto país que se considere un crimen tener éxito en la vida. ¡Estoy harto de todos estos mamones! Pero es que ahora, además, pontifican desde los despachos, en las tertulias, en los periódicos, impugnando nuestros motivos, poniendo en cuestión nuestras opiniones. Si por ellos fuera, nadie movería un dedo. Y es que hay que reír por no llorar».

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